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¿Qué es la Humanización del Nacimiento? (2da. parte)

En el número pasado, comencé a describir un mapa con la intención de que sirva para orientarnos y ubicarnos dentro del vasto movimiento que lleva el nombre de esta nota. Imagino que muchos de ustedes habrán podido encontrar otros espacios y nombrar la peculiaridad de su enfoque, prácticas, observaciones y búsquedas, enriqueciéndolo.

A partir de los ecos que recibí, continúo reflexionando sobre las capas que conforman este mapa, dejando a la vez abierta la posibilidad de nuevas distinciones que, a su vez, aportarán otras descripciones en el múltiple entramado que lo conforma.

La primera es, entonces, que se trata de un territorio vivo que no sólo está comenzando a definirse sino que está en constante movimiento y cambio. A medida que lo vamos descubriendo, nos va develando sus sutilezas y, al percibirlas, cambiamos también nosotros.

Las personas que forman parte del movimiento de humanización del nacimiento tienen, por eso, la tarea de mantenerse atentas para formular nuevas propuestas en la medida en que las anteriores van siendo incorporadas y posibilitan otras realidades. También pueden pensarse maneras más eficaces de proponer cambios cuando las dificultades persisten y volvemos a chocar con los mismos inconvenientes. Responder creativamente es continuar abriendo camino a través de acciones cotidianas para que la modorra de la automatización y la repetición no se reinstale sobre lo nuevo o no lo deje ni siquiera pasar. El Dr. Fernando Ulloa dice que en salud y en educación la intención ya es un paso. El movimiento de humanización del nacimiento precisa que sostengamos la reflexión para lograr profundizar en los temas que plantea.

En términos generales, podríamos tomar las palabras del Dr. Odent en el comienzo de su trabajo y decir que este movimiento es una llamada de atención pública sobre las condiciones del nacimiento. Pero podemos también ir más atrás y decir que es una invitación a girar la mirada hacia los orígenes de la vida.

De allí surgen preguntas sobre el lugar de la mujer, del hombre, del bebé y de los profesionales que prestan servicio. Según el lugar que les adjudiquemos, se establecerá un orden dentro del cual circularán los vínculos entre ellos. Los cortes o interrupciones en la circulación de estas relaciones nos hablarán, entonces, de un «des-orden» que se expresará a través del malestar de alguna de las partes que constituyen este sistema de relaciones humanas. Hay que decir, también, que el acto de nacer nos liga al linaje del que provenimos y al hecho de ser humanos.

Recientemente, la promulgación de la polémica ley de humanización del parto y nacimiento abrió la puerta en las instituciones para que las mujeres puedan elegir la persona que las acompañe. Es un paso efectivo dentro del proyecto. Algunas autoridades expresaron la necesidad de hacer reformas edilicias para poder implementarla. Si bien la reorganización del espacio beneficiará al entorno que rodee a la pareja en el momento del parto, sobre todo si esta reforma está inspirada en la intención de proteger la intimidad de la pareja, no hay que olvidar que son pasos dentro de un largo camino por transitar. Las leyes reconocen derechos; los mecanismos que garanticen su ejercicio real deberán construirse cada día y fundarse en un proyecto más amplio que les otorgue sentido.

Un proyecto tiene etapas dentro de una serie de acciones que cambian y evolucionan a medida que es posible avanzar, y las etapas iniciales pueden superarse. Se ha abierto una brecha que deberá ensancharse hasta ser una avenida que posibilite el avance hacia el cambio que el surgimiento de la brecha traía implícito. Si no, estaremos tironeados por extremos o a merced de trampas engañosas como sería pensar que los partos son humanizados porque los papás pueden presenciarlos. Una manera de detener un movimiento de cambio es tomar el nombre de algo para creer que lo que se está reclamando ya está en realidad hecho, cancelando así la demanda.

Un ejemplo de respuesta y adecuación a las demandas actuales son las doulas, un rol no profesional; mujeres que brindan apoyo emocional a las mujeres en trabajo de parto. Mujeres que están haciendo visible el brillo de las relaciones humanas cuando éstas se reestablecen.

Cuando surge una ley como ésta, estamos ante un hito que marca y anuncia que no podemos continuar con la misma actitud, que es necesario cambiar y no una sino muchas cosas. Nos dice que hay una inquietud en algunos sectores de la sociedad; nos muestra que hay más información, más intereses, más deseos de participar en la construcción de lo nuevo. Como sucede en los partos, es la fisura de la bolsa o el inicio de las contracciones los que anuncian el comienzo de un cambio de estado, un parto que traerá un nacimiento. Algo del miedo que llevaba a la sumisión cedió, y el movimiento busca nuevos espacios de vida para desarrollarse. Este deseo no admite simulacros ni alternativas a medias que incluyan algo para no cambiar nada.

La cuestión del trecho que hay entre que las mujeres sean espectadoras de sus propios partos a convertirse en sus protagonistas, es, junto con la prioridad de no interrumpir el contacto de las mamás con sus bebés, uno de los puntos que más acciones activas requieren.

A veces se trata de pequeños, pero contundentes gestos. Un hecho curioso e interesante es que muchas personas pertenecientes a diversas disciplinas científicas, artísticas o religiosas podrían considerarse parte del movimiento de humanización del parto y el nacimiento porque sus obras nos alientan a todos a reconocer lo humano; nos vuelven más sensibles y conscientes de la vida, y mejoramos así nuestro quehacer en el mundo.

Humanizan el parto las enfermeras que, gentilmente, dan vuelta las camillas en los boxes para que las mujeres no estén con las piernas abiertas mirando hacia el pasillo común. Humanizan el nacimiento los médicos que con sus propios fondos viajan a lugares remotos para ofrecer cuidado a las mamás y a los bebés. Una mujer que en la sala de parto tiene el coraje de decir lo que necesita está humanizando no sólo el parto que construye para sí misma y el tipo de bienvenida con que desea recibir a su hijo, sino que también con su presencia –que trasunta conocimientos y fuerzas profundas de las mujeres y de la vida– está ofreciendo la posibilidad de dar a conocer una manera distinta de hacer las cosas, y permite, quizás, nuevas preguntas.

Hay relatos de obstetras que, terminado un parto que transcurrió en condiciones diferentes por elección de la mujer, se quedan en la sala probando esa postura curiosa que la mujer acaba de adoptar. Otros, al día siguiente, visitan a esa misma mujer y le piden que les cuente qué le pasó en el parto. Otros miembros del equipo entran en las habitaciones llenos de preguntas y benevolente curiosidad hacia esas madres y padres.

En los años setenta, el Dr. Odent se preguntaba: «¿Cómo haremos para concitar la conciencia general y cambiar las condiciones del nacimiento? ¿A quién deberíamos dirigir nuestras palabras y cómo?». Decía que cualquier intento de cambiar el estilo de vida (la manera de parir y de nacer forma parte de nuestro estilo de vida), cualquier intento de cambiar el sistema de las relaciones humanas proponen un trabajo de fondo global que puede considerarse una militancia moderna que, justamente, no implica lucha sino que es una respuesta a la violencia. En Francia llaman a la Haptonomía tanto «ciencia que nos enseña sobre la vida afectiva», como «revolución tranquila».

Si lo pensamos de esa manera, no se trata de difundir conceptos, sino de estimular un pensamiento nuevo sobre las actuales condiciones del parto y del nacimiento en los países industrializados. En esa época, decían en Pithiviers –el hospital donde el Dr. Odent trabajó durante tantos años–: «Se nos ha concedido la oportunidad desde una toma de conciencia emocional hacia el conocimiento razonado que ha transformado nuestra práctica diaria».

Son muchos los caminos que pueden llevarnos hacia una toma de conciencia compartida que transforme nuestras prácticas. El deseo de aprender y de crecer está dentro de los impulsos más estimulantes que tenemos como humanos. La construcción compartida podrá ser nuestra alegría común. Sin duda, cada uno sabrá encontrar, afinando su oído, el modo que le sea más afín.

JAQUI ZIELER

¿Qué es la Humanización del Nacimiento? (1era parte)

 

 

La medida más importante por tomar en el presente inmediato consiste en canalizar el entusiasmo militante de un modo inteligente y responsable, lo que significa ayudar a la generación joven a encontrar causas dignas de servicio en nuestro mundo moderno.

KONRAD LORENZ

 

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