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EL MODO CANGURO DE TENER EL BEBE
NILS BERGMAN (AFRICA DEL SUR)
Sextas Jornadas Internacionales sobre Lactancia, Paris,
marzo 2005
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Nils Bergman (Africa del Sur) hizo sus estudios de medicina en
Africa del Sur. Realizó un doctorado en Salud
Pública. Es director de la Maternidad del Hospital
de Mowbray (Africa del Sur) y desde hace años estudia la
lactancia y el método canguro para llevar al bebé.
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CÓMO ACTUA EL CEREBRO SOBRE EL CUERPO:
OPCIONES COMPORTAMENTALES DEL RECIEN NACIDO.
El metabolismo basal de todos los animales está regulado
por el cerebro arcaico, y se expresa por medio de una programación
comportamental. Cada programa tiene su juego de hormonas,
sus automatismos y se caracteriza por un comportamiento físico. El
programa neurocomportamental de la reproducción de los mamíferos
ha sido estudiado de manera extensa. Cada etapa de la gestación
tiene su ambiente hormonal específico, y sus componentes
específicas y somáticas.
En términos biológicos, el Homo sapiens es un mamífero. Lo
que caracteriza a todos los mamíferos es que tienen mamas
(del latín ‘mammae’) destinadas a la alimentación
de las crías. Las investigaciones biológicas
en numerosos mamíferos han demostrado que los procesos neurológicos
que tienen lugar durante la gestación (el desarrollo embrionario)
están ‘altamente conservados’, es decir, son
casi idénticos en todas las especies (Christensson, 1995). Los
mecanismos endocrinos fundamentales de la gestación, son
también notablemente similares en todas las especies (Keverne
y Kendrick, 1994). Hay modelos de comportamiento programados
por el sistema límbico de nuestro cerebro. Desde el
nacimiento, todos los mamíferos presentan una ‘secuencia
comportamental definida’ (Rosenblatt, 1994), que lleva al
arranque y al mantenimiento del comportamiento de la lactancia. Existen
diferencias en estas secuencias, cada especie tiene la suya propia. Un
descubrimiento fundamental y sorprendente ha sido constatar que
lo determinante es el comportamiento de la cría recién
nacida; que es su actividad la que induce una respuesta cuidadora
de su madre (Rosenblatt, 1994). También se ha constatado
que existe un periodo crítico, a saber, un periodo durante
el cual es necesario que se produzcan ciertos hechos claves para
un desarrollo óptimo; un periodo que ha sido bien
descrito por la investigación en los mamíferos, y
cuya importancia se reconoce ahora cada vez más también
en el ser humano. Tras su iniciación a cargo del recién
nacido, ‘la lactancia se establece por medio de una gama
de estimulaciones complejas, mutuas entre la madre y la criatura’ (Kjellmer
y Winberg, 1994). No obstante, en todas las especies,
la lactancia es ‘un comportamiento especialmente frágil
y transitorio’ (Alberts, 1994): cualquier intervención
puede fácilmente perturbarla.
Losbiólogos describen
a los mamíferos como una especie que se desarrolla en una
serie de hábitats (útero, contacto cuerpo a
cuerpo con la madre, fratria, resto del mundo). El concepto
básico es que, en cada uno de estos hábitats, el
organismo en desarrollo está físicamente capacitado
y neurobiológicamente programado para comportarse
de manera que le permita satisfacer todas sus necesidades (Alberts,
1994); está dotado de las competencias requeridas, que se
manifestarán espontáneamente en el hábitat para
el cual está diseñado, y es este hábitat el que
le proporcionará la satisfacción de sus necesidades. El
hábitat determina así ‘el nivel de organización’ del
cerebro, o sea, la capacidad de controlar correctamente el nivel
de vigilia. El estudio con electroencefalogramas ha mostrado
que la duración de un ciclo de sueño normal en una
criatura recién nacida es de 60 a 90 minutos, y que la perturbación
de estos ciclos produce stress y patologías. Pero
en los bebés un ciclo normal de sueño no puede ser
observado más que si está en su hábitat normal,
a saber, si están en contacto cuerpo a cuerpo con su madre.
Estos factores neurocomportamentales tienen un
objetivo específico:
satisfacer las necesidades biológicas básicas del
organismo. Los biólogos por
lo general estiman que existen tres (calor, alimento y protección –la
necesidad de oxígeno es tan evidente que no se menciona,
aunque sea fundamental) y en cada hábitat, el organismo
en desarrollo está físicamente capacitado y neurológicamente
programado para comportarse de manera que sus necesidades se satisfagan.
En términos más científicos, el organismo
en desarrollo necesita de una temperatura adecuada, de una nutrición
específica, y de una protección prodigada por diferentes
medios.
CONSECUENCIAS DE LA SEPARACIÓN MADRE-CRIATURA
Cuando son arrancadas de su hábitat normal, las crías
mamíferas tienen un comportamiento idéntico y pre-programado,
que podemos llamar ‘respuesta de protesta- respuesta de angustia’ (Alberts,
1994), que fue descrita por vez primera en los bebés de
los orfelinatos tras la Segunda Guerra Mundial; después
fue estudiada en los monos, y después en muchos otros animales. La
respuesta de protesta es una actividad intensa que tiene como objetivo
permitir al bebé recuperar su hábitat; la respuesta
de la desesperación es una respuesta de supervivencia ante
la situación de privación: cursa con una bajada de
la temperatura del cuerpo y del ritmo cardíaco, inducidas
por un aumento masivo de las tasas de las hormonas de estrés. Llorar
es nocivo para los recién nacidos; ello restaura la
circulación fetal y aumenta el riesgo de hemorragia intraventricular
y diversos otros problemas. La primera violación,
lo peor que puede ocurrirle a cualquier recién nacido, es
la separación de su madre, su hábitat normal. Esta ‘respuesta’ y
su impacto han sido descritos en un extenso artículo de
Allan Shore (2001)
La respuesta psicobiológica del bebé humano a los
traumatismos se compone de dos esquemas de respuesta diferenciados:
la hipervigilancia y la disociación (Perry
et al)
En la hipervigilancia,
el sistema nervioso simpático se activa fuertemente y
de forma brusca, con un aumento del ritmo cardíaco,
de la presión sanguínea, del tono y de la vigilancia; la
angustia de la criatura se manifiesta con llanto y alaridos...
este estado frenético de angustia, que Perry llama ‘miedo-pànico’,
se conoce como una estimulación ergotrópica...
con secreción de tasas excesivas de las principales hormonas
del stress... que se producen en un estado hipermetabólico
del cerebro.
La disociación es el estado de reacción subsiguiente
a la respuesta al terror, con embotamiento y retraimiento; es
un estado de conservación y de repliegue, una respuesta
del parasimpático que sobreviene en situaciones en las
que la persona no tiene ni ayuda ni esperanza, una respuesta
utilizada a lo largo de la vida, por la cual el individuo se
desconecta para ‘conservar su energía’, una
conducta peligrosa de supervivencia en la que el individuo finge
estar muerto; en este estado pasivo de profunda desconexión,
la tasa de opiáceos endógenos es alta, lo
que produce ausencia de dolor, inmovilidad e inhibición
de gritos de angustia. El tono vagal aumenta considerablemente
con una bajada de la tensión sanguínea y del ritmo
cardíaco(...) en este estado, desde el cerebro de la criatura, tanto
los componentes del sistema simpático que consumen energía,
como los del sistema parasimpático economizador de energía
se activan (...) (provocando) alteraciones bioquímicas
caóticas, un estado de toxicidad neuroquímico para
el cerebro de la criatura en pleno crecimiento. (Shore 2001).
Cuando la criatura recupera su hábitat normal (el cuerpo
de su madre), se constata un rápido aumento de la temperatura
y del ritmo cardíaco. “Las llamadas de angustia
ligadas a la separación” han sido bien documentadas
en las ratas (Alberts, 1994). Se ha constatado llamadas de
angustia similares en los bebés humanos en cunas; estos
bebés lloran hasta diez veces más que los bebés
que están piel con piel con su madre (Michelson et al, 1996). Además,
el llanto de los bebés que están piel con piel con
su madre tiene una tonalidad completamente diferente, y se ha sugerido
que podía tener el objetivo de lograr la ayuda de la madre
para alcanzar el seno y mamar (Christensen et al, 1995).
Los estudios neurocomportamentales actuales muestran que esta
reacción de protesta-angustia, que remite a estados asociados
de hipervigilancia y disociación, puede modificar la estructura
cerebral en el sentido de una menos buena adaptación, con
consecuencias en el comportamiento futuro.
La separación induce cambios en la eficacia fundamental
de los sistemas (McKenna, 1993). La separación precoz
puede comportar modificaciones importantes en la fragilidad ante
las patologías inducidas por el stress (Hofer, 1994). Los
orígenes de muchas desviaciones comportamentales son desconocidos; ¿podrían
algunas remontarse a las violaciones de nuestra programación
innata? (Kjellmer y Winberg, 1994)
PARADIGMA OCCIDENTAL Y PARADIGMA ORIGINAL
Hace falta comprender el paradigma biológico original del
cuidado del bebé, y por qué nuestro paradigma occidental
ha llegado a ser lo que es.
Desde el punto de vista de la evolución, en el momento
del nacimiento el Homo sapiens es extremadamente inmaduro. El
volumen de su cerebro no es más que el 25% del volumen que
tendrá en la edad adulta, contra el 45% de los chimpancés,
y este porcentaje todavía es más alto en el resto
de los mamíferos. Se estima que se trata de un compromiso,
de una consecuencia del estrechamiento de la cavidad pélvica
que tuvo lugar al adquirir la posición erecta; este estrechamiento
hizo imposible el tránsito de un cráneo más
voluminoso. El cerebro prosigue pues su crecimiento después
del nacimiento. El Homo sapiens tuvo por tanto que desarrollar
mecanismos para hacer frente a su inmadurez. No obstante,
el nacimiento prematuro del pequeño ser humano no es una
aventura peor que la de otras especies animales, siempre y cuando
la criatura tenga su hábitat normal.
Algunos podrán pensar que el pequeño ser humano
con su cortex cerebral desarrollado, no es comparable a otros animales. Sin
embargo, habría que señalar que el cortex no remplaza
las partes más primitivas del cerebro, sino que, de hecho,
depende totalmente de ellas. La biología puede enseñarnos
mucho sobre nuestra humanidad. El Homo sapiens ha sido un ‘cazador
recolector tropical’ durante los últimos 3-6 millones
de años. Los cambios comenzaron hace alrededor de
10.000 años con el comienzo de la agricultura, pero
existen todavía pueblos de cazadores recolectores tropicales
que han sido estudiados por antropólogos (Lozoff y Brittenham,
1979). Una cosa común a todos estos pueblos es el
hecho de que los recién nacidos y los bebés siempre
son llevados aúpas, que duermen pegados a su madre, que
la alimentación es una respuesta inmediata a su llanto,
que maman cada 1 ó 2 horas, y que la lactancia prosigue
hasta los dos años. Durante los últimos 100
años, este modelo milenario (el cuidado atento y el ser
llevado aúpas) se ha modificado y, en el nuevo modelo, se
acuesta a la criatura aparte (se la separa) con toda tranquilidad;
separada de su madre, se ignora su llanto; cada cuatro horas se
acude para alimentarla (el padre o la madre va al nido), con una
leche industrial (hecha a partir de la leche de otra especie),
y muy pronto se introducen otros sustitutos.
Lozoff et al (1977) estiman que esta modificación altera
el comienzo de la relación madre-criatura, Y que puede quedar
alterada más allá de los límites de adaptabilidad
del bebé.
Semmelweiss identificó las infecciones como causa de la
mortalidad materna, y a finales del siglo XIX las infecciones eran
una causa reconocida de mortalidad en los prematuros. En
Francia, para proteger a los recién nacidos de las infecciones,
Tarner y Budín desarrollaron y pusieron en práctica
el poner a los bebés en unas incubadoras, con las
paredes de cristal para que la madre pudiera ver a su bebé y
participar en los cuidados. Un alemán llamado Cooney
exportó este concepto a USA, pero excluyó a la madre –cuando
su propia hija y los amigos de eéta no le estorbaban-. A
medida que los cuidados de los bebés se fueron institucionalizando
en los hospitales americanos, se fueron excluyendo cada vez más
a las madres, como si fueran la causa de las infecciones en los
bebés. Como las madres quedaban excluidas, la alimentación
con leche industrial se convirtió en el medio práctico,
y muy pronto en el medio esencial de alimentar a los bebés. Esta
evolución social concluyó a finales de los años
50 (del siglo XX). Solo a comienzos de la década de
los 60 se comenzaron a hacer estudios randomizados (=en muestras
aleatorias) sobre los nuevos métodos. El uso de la
incubadora y la alimentación con leche industrial no fueron
nunca objeto de estos estudios.
El resultado es nuestro paradigma occidental, según el
cual el recién nacido es por lo general contemplado como
un ser totalmente impotente, y que tiene necesidad de ayuda para
satisfacer sus necesidades. Cuando el bebé nace a término,
se considera que la madre puede atender sus necesidades, tras una
formación en puericultura; pero si el bebé es prematuro,
el personal sanitario considera que debe quitarle a la madre el
bebé para atender todas sus necesidades durante un largo
período.
NUESTRO ESTUDIO RANDOMIZADO (=EN MUESTRAS ALEATORIAS),
Y SUS IMPLICACIONES EN LA ATENCIÓN EN NEONATOLOGÍA.-
Nuestra cultura actual confía en las incubadoras, quizá porque
desconoce sus efectos nefastos, y porque también ignora
la existencia de otras alternativas.
El método canguro ha sido definido de diferentes
formas, pero sus dos componentes principales son el contacto
piel con piel y la lactancia. Desde el punto de vista biológico,
y durante el inmediato post-parto, el contacto piel con piel representa
el hábitat normal para el Homo sapiens, y la lactancia representa
el ‘nicho’ (*), o el comportamiento pre-programado
para este hábitat. El paradigma del método
canguro
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(*) En biología el ‘nicho’ de un animal, es
el papel o la función que desempeña en su hábitat
. (Nota de traducción)
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se basa en que el bebé prematuro no es un bebé enfermo,
sino que es la separación de la madre (del hábitat)
lo que produce la enfermedad. Del mismo modo, privar a la
criatura de su nicho normal (la lactancia y la leche materna
como dos conceptos diferenciados) hará que el prematuro
enferme. En el paradigma del Método Canguro, el hábitat
original y el nicho son el punto de partida de la atención
sanitaria, a los que se les añade toda la tecnología
y todo el apoyo disponibles.
Todos los años mueren 5 millones de criaturas, y, en por
lo menos la mitad de los casos, la prematuridad es o bien la causa
directa o bien uno de los factores de la mortalidad. Recientemente
el Método Canguro (definido como el tener a la criatura
piel con piel y la lactancia) ha sido recomendado como un método
posible para cuidar a los prematuros. Utilizar a la madre
como alternativa a la incubadora desde el nacimiento se puso
en práctica por primera vez en un hospital de una misión
de Zimbabwe, y esta experiencia fue descrita por Bergman y Jurisoo
(1994). La tasa de supervivencia de los bebés de muy
poco peso al nacer, pasó del 10 al 50 %. Hasta ahora,
este método se utilizaba generalmente sólo cuando
el bebé estaba clínicamente estabilizado. No
existía ningún estudio para evaluar su inocuidad
o su eficacia en los prematuros desde el nacimiento. Nuestro
estudio aleatorio fue conducido en los años 2000 y 2001,
con el fin de evaluar la hipótesis de que la incubadora
daba resultados menos buenos que el contacto piel con piel. Tenía
el objetivo de confirmar que la única diferencia en las
atenciones prodigadas a la criatura era su ‘hábitat’ (mismo
tipo de reanimación, mismas perfusiones, misma alimentación
y mismas observaciones). Todos los bebés
piel con piel se estabilizaron en las primeras 6 horas, incluido
el más pequeño de 1200 g., contra la mitad de los
que habían sido puestos en la incubadora. Todos
los bebés colocados en la incubadora tuvieron respuestas
de protesta-angustia, con bajada de temperatura y del ritmo cardíaco,
y respiración inestable. Este estudio no se había
concebido para investigar resultados a largo plazo, y que yo sepa
no existe ningún estudio de este tipo. No obstante,
lo que se puede deducir de los estudios efectuados en mamíferos,
está claro: los recién nacidos humanos separados
de su madre tienen exactamente las mismas respuestas fisiológicas
que los otros mamíferos, y todos los mamíferos que
han sufrido tal separación muestran secuelas que pueden
durar toda la vida. El Método Canguro se practica
generalmente con recién nacidos estabilizados. Este estudio
muestra que el contacto piel con piel iniciado inmediatamente después
de nacer, en lugar de la incubadora, es seguro a la vez que eficaz
para las criaturas nacidas con un peso entre 1200 y 2199 g. Ello
permite recomendar la utilización del Método Canguro
desde el nacimiento, en particular en los países en vías
de desarrollo donde no hay incubadoras. Incluso en los países
en los que hay incubadoras disponibles, como en Africa del Sur,
el método canguro puede ser preferible.
LA DEFINICIÓN DEL METODO CANGURO EN BASE A LAS NECESIDADES
FISIOLÓGICAS FUNDAMENTALES
El Método Canguro ha sido definido de diferentes formas,
pero sus dos componentes esenciales son el contacto piel con piel
y la lactancia. Desde el punto de vista biológico,
el hábitat normal de la criatura Homo sapiens en el inmediato
post-parto es el cuerpo de su madre, y la lactancia representa
el ‘nicho’, el comportamiento pre-programado para ese
hábitat.
El hábitat hace algo más que aportar las necesidades
nutricionales. En el hábitat uterino, es evidente
que la oxigenación se asegura por medio de la placenta y
del cordón umbilical, que proporcionan también la
nutrición; el útero garantiza igualmente el calor
y la protección. Son las cuatro necesidades biológicas
fundamentales. Las investigaciones efectuadas en los diez últimos
años nos permiten afirmar que en el contacto piel con piel,
su hábitat normal, es el recién nacido mismo quien
atiende sus propias necesidades, y no la madre o el personal sanitario. La
oxigenación de la criatura mejora en el contacto piel con
piel, hasta el punto que se utiliza satisfactoriamente para tratar
angustias respiratorias. Las criaturas que pasan de la incubadora
al contacto piel con piel presentan un aumento de la temperatura,
y su estabilidad se mejora notablemente. (Ludington-Hoe et al,
1996). La nutrición mejora gracias al respeto a la
capacidad de la madre de dar de mamar, y al respeto a la capacidad
de la criatura de nutrirse. Las criaturas nacidas a término, en
un parto no medicalizado, a las que se las deja sobre el
pecho de sus madres sin ser molestadas, tomarán el pecho
espontáneamente en la hora que sigue al nacimiento,
sin ninguna ayuda (Widstrom et al, 1987). El recién
nacido ejerce una estimulación sobre la madre que induce
el comportamiento maternal y la protección. La inmunidad
de la criatura mejora de manera todavía perceptible al cabo
de los 6 meses (Sloan et al, 1994). Otros efectos positivos
del contacto piel con piel en la madre, son entre otros,
una vinculación más fuerte a la criatura y una mejor
curación de los problemas emocionales ligados al parto prematuro.
LAS NOTABLES CAPACIDADES DE LA CRIATURA RECIEN
NACIDA
Uno de los comportamientos esenciales para la supervivencia del
pequeño mamífero es la lactancia. El recién
nacido, incluido el humano recién nacido, no necesita
más que estar en el lugar adecuado para poder mamar correctamente:
apegado al pecho de su madre. Cuando mama, el recién
nacido respira mejor, se alimenta mejor y está protegido. La
lactancia satisface todas las necesidades fundamentales de la pequeña
criatura de la manera óptima.
Durante las 10 ó 14 primeras semanas de gestación,
el crecimiento del cerebro está determinado genéticamente. A
continuación, este crecimiento es un proceso activo, con
crecimiento de los axones y de las dendritas. Cada neurona crea
miles de sinapsis que se desarrollan en todas las dimensiones,
y este desarrollo se estimula por las sensaciones y las experiencias. El
feto tiene el sentido del gusto y el sentido del olfato muy desarrollados. Un
recién nacido puede distinguir el olor de la leche de su
madre del olor de la leche de otra mujer, en base a la memoria
adquirida durante la vida intrauterina. Al nacer, utiliza
su olfato para dirigirse hacia el pezón.
A las 30 semanas de gestación, el feto puede reconocer
la voz de su madre entre las voces de otras mujeres, partiendo
de algunas palabras grabadas en un magnetofón. Puede
distinguir la lengua materna entre diferentes lenguas, partiendo
de una simple palabra o de un simple fonema. El sentido
del tacto y las sensaciones kinestésicas también
están muy desarrolladas. Después del nacimiento,
la criatura busca activamente tener la mayor superficie posible
de su cuerpo en contacto con la piel de su madre. (Widstrom et
al, 1987). Las estimulaciones táctiles facilitan la
transmisión de las informaciones afectivas de la criatura
hacia la madre, y ello determina el desarrollo de los esquemas
cerebrales. El lenguaje de la madre y de la criatura está constituido
por señales que ambas emiten bajo la influencia del sistema
nervioso automático. Esta es la base de un desarrollo
sano de la criatura. Al nacer, sus percepciones sensoriales
no tienen ningún ‘filtro’; experimenta todas
las sensaciones de forma máxima. A medida que se desarrolla,
aprende a ‘moderar’ las percepciones sensoriales.
Al nacer, el bebé humano dispone de más sinapsis
en su cerebro que en ningún otro momento de su vida. Su
desarrollo es un proceso que consiste en suprimir ciertas sinapsis
y desarrollar otras para crear los ‘caminos’ neurales. Estos últimos
pueden ser buenos o malos, en función de las sensaciones
y experiencias vividas por el recién nacido. Los prematuros
y los recién nacidos tienen un sistema nervioso que no tiene
capacidad de temperar los estímulos sensoriales. La
sobre-estimulación de cualquiera de sus sentidos será vivida
de forma dolorosa por el recién nacido. Las hormonas
del stress aumentan la percepción del dolor. El resultado
es similar al efecto de la picadura del escorpión parabuthus*
(* = En el original: Le résultat est similaire
au scorpionisme par le parabuthus, creo que está mal
traducido al francés; creo que el dolor intenso de la picadura
del parabuthus se debe a que activa las hormonas del stress; de
ahí la comparación.- Nota de la traducción),
un envenenamiento potencialmente mortal.
Las complicaciones que suceden durante el nacimiento afectan a
la personalidad, a la capacidad relacional, a la autoestima, y
a los esquemas de comportamiento a lo largo de toda la vida (Shore,
2001). Si a ello se le añade el rechazo de la madre
y la ausencia de vinculación, podemos constatar una fuerte
correlación con un comportamiento criminal y violento. La
creación de nidos en los hospitales y el aumento de la frecuencia
de las separaciones precoces de la madre son correlativas a los
problemas de vinculación afectiva, al abandono de la madre,
y al aumento de comportamientos adictivos (necesidades orales del
bebé no satisfechas).
Aunque en el plano biológico se afirma que el recién
nacido es extremadamente inmaduro, es un error deducir que su incapacidad
es total. Esta inmadurez es relativa; es inmaduro en relación
a nosotros y a nuestro hábitat, porque es un hábitat que
requiere unas capacidades que el que recién nacido tiene
todavía que adquirir. Pero ‘nuestro’ hábitat
de adultos no es el hábitat del recién nacido. Cuando
está en el hábitat diseñado para él
, el humano recién nacido demuestra tener unas notables
capacidades. La relación hábitat-nicho descrita
por Albert y otros biólogos, subraya el hecho de que el
organismo en desarrollo está totalmente equipado por circuitos
neurológicos que dirigen los comportamientos que permiten
que sus necesidades fundamentales sean satisfechas. Estas necesidades
se satisfacen cuando el hábitat está adaptado, y
el concepto de ‘nicho’ define el modo en el que el
organismo hace uso de los recursos de su hábitat gracias
a sus propias capacidades.
Los comportamientos de auto-vinculación (que llevan a tomar
el pecho por primera vez), descritos por Widstrom (1987) y Righard
(1990), son ahora bien conocidos. En términos biológicos,
este comportamiento se llama ‘iniciación’, y
es un neurocomportamiento innato, diferente del comportamiento
de mantenimiento de la lactancia. Este comportamiento interviene
en un ‘periodo crítico’, un momento único
durante el cual debe producirse un hecho determinado para que pueda
desarrollarse plenamente, y este periodo es de vital importancia
para el desarrollo óptimo del organismo.
EL ESTADO DE ORGANIZACIÓN Y DE SEPARACIÓN
Es especialmente importante tener en cuenta que la tetada que
nosotros observamos y que calificamos como ‘lactancia’,
no es más que la manifestación física de un
neurocomportamiento innato y global, que no es perceptible más
que durante un corto periodo. Desde el punto de vista biológico,
la lactancia es la totalidad de un ‘programa nutricional’,
y su éxito depende de que la criatura se encuentre en el
hábitat adaptado. Además este programa nutricional
necesita la estancia constante e ininterrumpida de la criatura
en el hábitat previsto para él por la naturaleza:
el cuerpo de la madre. Se expresa por medio de hormonas
específicas y por respuestas del sistema nervioso autónomo,
que se producen noche y día. El comportamiento observado
entre las tetadas forma parte también del programa nutricional. Esto
puede también describirse como un ‘estado de organización’,
y el programa NIDCAP (Newborn individualised developmental
care and assessment programme = programa neonatal individualizado
de cuidados y de evaluación del desarrollo) nos ha
enseñado muchas cosas sobre el tema, aunque en un contexto
tecnológico.
El estado de organización depende del nivel de vigilia
del organismo, que para el bebé va desde el sueño
profundo hasta el llanto agudo, pasando por diferentes estados
de vigilia. Para su bienestar, el recién nacido tiene
necesidad absoluta de la presencia de ‘ciclos’ adecuados,
con periodos de sueño no muy profundo y con otros periodos
de vigilia para las tetadas, evitando tanto como sea posible el
llanto y el stress. Este tipo de ciclos óptimo sólo
se observa en los bebés que están apegados a su madre,
y especialmente cuando el contacto piel con piel es máximo.
RESTAURAR EL PARADIGMA ORIGINAL
Estas constataciones nos deben llevar a plantearnos un nuevo paradigma. La única
necesidad de la criatura nacida a término es estar en su
hábitat natural, a saber, la madre; no la madre como proveedora
de cuidados, sino la madre como proveedora de contacto piel con
piel. La criatura nacida a término es razonablemente
fuerte, la prematura es frágil. La necesidad que tiene
la prematura de su hábitat natural es todavía más
importante que la de la criatura nacida a término. Nuestro
paradigma actual contempla la incubadora como el hábitat
normal de la criatura prematura, y el biberón como el medio
normal de alimentarse; hemos definido unas normas para el ritmo
cardíaco y la temperatura que son las adaptadas a la incubadora. Nuestros ‘valores
normales’ se tendrían que volver a definir.
En nuestros servicios médicos, deberíamos reconocer
el lugar central de la madre en tanto el hábitat que la
criatura necesita de forma absoluta y desesperada. Tenemos
que tener en cuenta las capacidades de la criatura recién
nacida para satisfacer por sí misma sus necesidades. Tenemos
que repensar nuestros servicios hospitalarios y revisar nuestras
prácticas, con el fin de asegurar que la madre recibe el
apoyo necesario para que pueda ofrecer a la criatura el hábitat
normal, y ayudar a la criatura prematura a satisfacer sus necesidades. Esto
implica reconocer que las capacidades neurológicas de desarrollo
(‘neurodeveloppementales’) no están necesariamente
unidas a un estado de desarrollo físico de la criatura. La
criatura prematura dispone del mismo programa neurológico
de desarrollo (‘neurodeveloppementale’) que las criaturas
nacidas a término; a causa de su inmadurez física,
tiene simplemente necesidad de ayuda. Esta ayuda debe serle
aportada, pero sin quitarle su hábitat natural y sin violar
su programación innata.
El paradigma del Método Canguro se basa en el hecho de
que el nacimiento prematuro no es una enfermedad, y que lo
que convierte al bebé prematuro en un bebé enfermo
es la separación de su hábitat natural (la madre). Como
también lo hará la supresión del acceso
al nicho (el acceso al pecho, a la lactancia y a la alimentación
con leche materna, contemplados como conceptos diferenciados).
En el paradigma del Método Canguro, el respeto al hábitat
y al nicho naturales es la base de toda la atención, a los
cuales se le añadirán el apoyo y la tecnología
disponibles.
El Método Canguro respeta el paradigma original para el
cuidado de las criaturas:
* El contacto piel con piel con la madre es el hábitat
requerido por la pequeña criatura humana, un derecho fundamental
del recién nacido.
* La lactancia exclusiva es esencial para su salud física,
neurológica y mental, y tiene un impacto para toda su vida.
* Prodigar el apoyo que permita A TODAS las criaturas recién
nacidas permanecer apegadas a su madre, debería ser la prioridad
universal de la salud pública.
AYUDAR A UNA CRIATURA PREMATURA
A MAMAR CORRECTAMENTE
Lo que aquí se ha descrito es muy diferente de las prácticas
actualmente en vigor de alta tecnología, en las cuales la
separación madre-criatura se acepta como algo normal y necesario. En
nuestra cultura occidental, el bebé es considerado
un ser totalmente impotente, y que requiere ayuda para todas sus
necesidades. Si la criatura nace a término, se considera
que la madre es la persona que puede atender sus necesidades. Si
la criatura es prematura, el personal sanitario estima que debe
quitarle la criatura a la madre para atender a sus necesidades. Los
argumentos que presento aquí demuestran que esto es erróneo. La única
necesidad de la criatura nacida a término es dejarla en
su hábitat adecuado, que no es la madre en tanto que persona
que asegura unos cuidados, sino la madre en tanto que persona que
provee el contacto piel con piel.
A la vista de los conocimientos actuales sobre el comportamiento
de las criaturas recién nacidas (lactancia, reacción
de protesta-angustia), y en la medida en que la lactancia y el
contacto piel con piel compensan la inmadurez del bebé,
es completamente lógico pensar que el contacto piel con
piel es todavía más necesario en las criaturas
prematuras (de hecho, la piel con piel es superior a la incubadora). Si
se priva a la criatura de este contacto, la privación inducirá una ‘respuesta-angustia’,
con una tasa de glucocorticoides 10 veces más elevada que
la normal (Modi, 1998). Tales tasas son tóxicas para
los prematuros, y tienen también un efecto inhibidor sobre
el tracto digestivo. Se produce secreción de somatostatina,
que tiene un importante efecto inihibidor sobre todos los aspectos
del funcionamiento del tracto digestivo, con bajada de todas las
hormonas benéficas para el tracto digestivo, así como
de las hormonas de crecimiento. Los mamíferos nacen
con un solo objetivo: ser amamantados al pecho o a la teta. ¡Una
criatura recién nacida es un ser totalmente desarrollado
y muy competente!
¡El cerebro fetal es consciente!
La criatura recién nacida está programada
para mamar del pecho:
Entre la semana 16 y la 20, el feto sabe tragar;
Entre la semana 26 y 28, tiene movimientos de succión;
A partir de las 36 semanas de gestación, es capaz
de mamar del pecho.
Escala de Persson (Wahlberg, 1991). PARA DAR DE MAMAR A
UN PREMATURO
Etapa 1: el contacto piel con piel, que debería ser
ininterrumpido desde el nacimiento.
Etapa 2: tomarse el tiempo; es el bebé quien establece
su ritmo.
Etapa 3: estado de organización; esperar y observar
si se despierta
Etapa 4: el olfato; automáticamente
solicitado si el bebé está en contacto con el pecho.
Etapa 5: el gusto; un prematuro necesita un poco más
de tiempo para conseguirlo
Etapa 6: tomar el pecho; para un bebé muy prematuro
puede resultar difícil mantener la boca
en el pezón
Etapa 7: la tetada: mamar necesita
muy poco esfuerzo, una vez que se mantiene la boca en
el pezón
Una vez adquirida la tetada nutritiva, es necesario asegurarse
que la criatura puede acceder al pecho cada vez que está despierta,
y entonces la lactancia ya ha quedado establecida.
Mamar del pecho y tomar un biberón pueden parecer cosas
similares, pero de hecho es MUY diferente. Tomar el biberón
para un prematuro es stresante.
Los bebés prematuros pueden alimentarse al pecho, incluso
desde la 26ª semana de gestación, si bien necesitan
ayuda. La práctica de la lactancia cuando la criatura
no ha sido nunca separada de la madre, difiere mucho de la
que consideramos ‘normal’ en nuestra cultura occidental. De
entrada, esta práctica está totalmente determinada
por la criatura, y no por la madre, y cada criatura es única. Un
bebé que puede escoger por sí mismo con qué frecuencia
toma el pecho desde el principio, va a poner en marcha una ‘rutina’ de
lactancia; tomará el pecho cada hora, cada dos horas o cada
más, tragará toda la leche que salga tras un solo
reflejo de eyección, lo cual es muy conveniente para la
débil capacidad de su estómago, y le aportará lo
que necesite de calorías y nutrientes para una o dos horas
como máximo, y será capaz de gestionar de manera
eficaz su estado cíclico de organización. Esta
es la práctica de lactancia constatada en casi todas las
culturas no occidentales.
EN CONCLUSIÓN
La lactancia es una estrategia crucial de supervivencia para el
humano recién nacido; es un comportamiento que depende enteramente
de una programación cerebral límbica, que depende
a su vez del hecho de que la criatura se encuentre en su hábitat
normal: apegada al cuerpo de su madre. Cualquier separación
tiene como consecuencia un programa neurológico de desarrollo
(‘neurodeveloppementale’) diferente del programa normal, potencialmente
nefasto.
En consecuencia, el contacto con el cuerpo de la madre es específicamente
necesario a partir del momento del nacimiento, y debería
ser continuado.
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