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Artículos de Haptonomía

LA ADOLESCENCIA , SEGUNDO NACIMIENTO
por la Dra. Catherine Dolto

ACERCA DE LA PATERNIDAD
Reportaje a Frans Velman

EL NACIMIENTO EN LA TIERRA DE LA UTOPIA
por Michel Odent

ACERCA DE LA PATERNIDAD EN EL CONTEXTO DEL 'ANAMIENTO AFECTIVO HAPTONÓMICO PERINATAL.

Entrevista de Raymond BELA ICHE a Frans VELDMAN

Agradecemos al dr Jaime Robert la autorización para la publicación de este articulo

Es el fundador de esta ciencia, más bien, de 'yo que en la ciencia existe una connotación

y éste no es el coso) que es la haptonomía a introducido en Francia con mucho éxito, numerosos son ahora sus alumnos practicando en el campo del nacimiento lo que les ha enseñado. No se trata hoy de hablar de la haptonomía como desarrollo científico sino de la forma en que la haptnomía considera al padre.

Raymond BELAICHE: Se dice que usted es el padre de la haptonomia; sin duda, no es su propósito, pero ¿cómo entiende usted esto?

VELDMAN: En latín clásica la noción padrese dice pater, así como en griego clásico (pater). En latín

la primera significación es la de padre paterrfamilias, pero se le da también, en sentido figurado el significado de fundador, de creador. De la misma

forma, en griego, metafóricamente, se le da –tras el de padre-, en términos habituales– el sentido de genitor, de procreador, de origen. Aunque yo no sea el origen de la haptonomía como genitor o procreador, puedo aceptar la noción a de padre de la haptonomía en tanto que

fundador o creador de este arte-de-vida.

Si hablo en este cuadro de la ciencia de la haptonomía, no la veo como una ciencia técnica – significación que se da desafortunadamente, frecuentemente al concepto de ciencia, lo que no es más que una limitación injusta – sino en el verdadero sentido de la palabra: comoun saber, también en su cualidad de conocimiento de lo que es saber-hacer, basada en fenórnenos evidentes. El conjunto pues de conocimientos y de experiencias, que en su puesta en práctica se revelan coma un arte y se justifican por evidencias reproducibles, renovables y verificables. La haptonomía, cuya fenomenalidad se prueba por evidencias neurofisiológicas y físicas, no se sitúa directamente entre las ciencias naturales llamadas "exactas", sino entre tas ciencias de la vida, antropológicas lógicas, experimentales y fenomenológicas llamadas "humanas". Ciencias que encuentran un lugar, cada vez más importante, en el seno de las ciencias puramente técnicas, o teóricas.

Siendo considerado como el "padre" de La haptonomía, me reconozco como fundador-creador, pero como un "pater familias" que debe educar a sus alumnos como a sus hijos, pero nunca como a sus discípulos. Esta constatación no me dispensa de mi deber ético y deontológico de transmitir lo que se me dio a explorar, descubrir, y de tenerlo en cuenta en mis investigaciones, observaciones, estudios y experiencias,

Es éste, créanme, un deber que pesa mucho y exige incluso la renuncia a la realización de mis deseos elementales de practicar el arte de la escultura, expresarme mediante el dibujo, la pintura, etc., lo que siento interiormente como un "impulso" arcaico.

Pero - una vez confrontado al sufrimiento atroz de los humanos en circunstancias humillantes, inhumanas durante La segunda guerra mundial – he tenido; que dar respuesta a mi destino, que se ha convertido en una vocación irresistible, consagrando mi vida a la investigación con La finalidad de encontrar vías eficaces para Luchar contra eL sufrimiento, descubrir y trazar el camino que lleva a la felicidad-de-vivir, a la felicidad-de-vida humana.

Esto me obliga, a mi edad, a limitar mi vida privada y a vivir noche y día esta ciencia y sus exigencias.

En este contexto, se me podria ver de cierta manera como un padre que se siente responsable, porque sobre todo la responsabilidad lo que me incita a cumplir mi deber.

Aunque transmita mis conocimientos y experiencias en cursos y formaciones, no me siento en primera instancia como un maestro, sino más bien un guía en el camino estrecho que conduce a la fuente de afectividad que es la philia. Un sendero que exige atención particular en cada paso, pero que se abre sobre los panoramas, las vistas y las perspectivas del mundo de la Afectividad, tan bellos y sorprendentes que el esfuerzo y sufrimiento que hay que hacer recorrerlos, están mil veces recompensados. Panoramas y perspectivas que no se descubren nunca recorriendo las rutas adoquinadas del mundo de la Efectividad, que caracteriza nuestra cultura y nuestra sociedad contemporáneas.

¿No es éste el deber primordial de un padre, el de guiar a Los que ha hecho entrar en el mundo –aquí el mundo humano de la haptonomia– y que se confían a él para expandirse, para su individuación e identificación de una forma taL que puedan finalmente explorar, de forma independiente y autónoma, ellos mismos este camino, este sendero que lleva a una vida armoniosa?

Como guia, yo no enseño, sino que ayudo a aprender estimulando, animando y mostrando el camino. Camino, que finalmente, el humano debe explorar y seguir él-mismo de forma autónoma.

Se trata, por tanto, de un proceso de aprendizaje, una manera de "formar", es decir, de dar forma a dones, talentos, facultades y posibilidades de la persona. O bien formar al individuo-mismo para que llegue a ser una persona. En la significación haptonómica, una persona es un (ser)-humano, digno, pendiente y autónomo, dotado de razón, que actúa conscientemente, razonablemente, y de forma responsable, es decir, sabiéndose responsable de sus actos. Un individuo que se comporta hacia los otros tomando para él de forma incondicional las consecuencias de sus actos, consciente de sí y de acuerdo con su autenticidad.

Por otra parte, incumbe al padre saber vivir la afectividad confirmante, lo que es un hecho específicamente haptonómico. ¿No es ésta La forma más adecuada de formar a sus hijos, y la que debería ser el modelo fundamental de toda formación, la base de toda educación, de toda parentalidad?

R.B.: ¿Qué significa para usted "ser padre"?

F.V.: En cierta manera ya he respondido a esta cuestión.

Puedo añadir ahora, hablando como padre en el sentido de "pater farnilias" –y no como "creador" de ciencia– los deberes paternales. Porque, para mí ser padre es ante todo, saber asumir los deberes y las responsabilidades inherentes a esta cualidad.

Por "deberes paternales", entiendo, entre otros, la misión de respetar bajo todas las consideraciones la individualidad y el carácter propio del niño, dados en su constelación significativa –el niño tiene el derecho incontestable de ser reconocido y consolidado en su singularidad– es decir, descubrir y revelar el Bien que representa o que puede alcanzar.

Esto implica que el padre debe hacer todo lo posible para hacer autónomo a su hijo ofreciéndole los estímulos adecuados. Estímulos, y sobre todo, incitaciones, que solicitan el desarrollo de sus dones, talentos y facultades innatas.

La Labor del padre, en este terreno, difiere esencialmente de la de La madre. La misión de la madre por su naturaleza y sus disposiciones constitucionales y naturales, es principalmente La de revelar y la realizar la facultad especificamente femenina de establecer un "home", una "casa propia", un hogar de seguridad, caluroso, pleno de amor tierno; un verdadero nido de amor, primero en su regazo y tras el nacimiento sobre su regazo, en sus brazos y contra seno. ParaleLamente, La del padre es La de permitir al niño abrirse al mundo al que debe entrar, guiarle este mundo y hacerle independiente: autónomo.

Estas misiones no son mutuamente contradictorias, ni mucho menos.

Hay que considerar bien que una mujer es un ser humano privilegiado. Ella, y soto ella, puede portar un bebé en su regazo, cerca de su corazón, en su centro de afectividad. Este hecho exige una aproximación llena de respeto, de consideración, de estima y de consideraciones. Es ella quien porta en ella eL secreto innato de la vida y del amor, innato como una intuición sagrada; lo que explica ese deseo fundamental interior que la incita o a veces, incluso, la impulsa sus fines. Y es este hecho, esta aspiración intuitiva a menudo inconsciente, La que a veces la convierte en débil entre las manos deL hombre.

Este hecho me ha LLevado a concLuir que, en los contacoss afectivo-tactiLes de los actos de amor y los impulsos eróticos, es primordialmente, el hombre quien asume La responsabilidad principal de la concepción de un niño. Es él quien, por la eyacuLación de su esperma, es en primer lugar responsable de fecundación.

La responsabilidad de La madre, es de una naturaleza distinta a la deL hombre, porque en eL "momento supremo", no es elLa La que en su naturaLeza intuitiva, receptiva, alcanzando la acmé de este encuentro de amor, puede intervenir o reaccionar para evitar la fecundación; suponiendo que eLla Lo desee. Si ella tuviera que estar atenta y vigilante para evitarlo, no podiría verdaderamente vivir la delectación, el placer fundamental que Le corresponde y pertenece.

Justamente, con frecuencia, es la angustia de una fecundación no deseada, la que hace que muchas mujeres no alcancen este placer esencial, provocando ausencia de orgasmos, frigidez o aversión hacia todo contacto erótico.

Aunque los medios y productos anticonceptivos van dado mayor libertad a la mujer y disminuido su angustia, esto no ha cambiado nada en cuanto a lo esencial; existen psicoLógicamente más problemas de los que se pueden imaginar o suponer.

Lo que es significativo en este contexto, es que el mundo científico, dominado por los hombres, ha desollado sobre todo medios anticoncepcionales para mujeres y que las mujeres, en su posición de dependencia, han aceptado, a pesar de las complicaciones y de los riesgos que comportan. Son las mujeres las que, incluso si son asistidas moral y psíquicante por los médicos, los psicólogos, etc., solas y cada una para sí, deciden finalmente matar al bebé en su seno, sí ellas piden en el desespero y la angustia un aborto, porque no han encontrado otra salida. Y no siempre ellas, y ellas solas, las que asumen la responsabilidad y las consecuencias de una decisión tan desesperada. Para el hombre, estas cosas son totalmente distintas.

El que ha engendrado al niño, incluso si asiste y sostiene moralmente a la mujer en su decisión, se libra - las más de Las veces - impunemente, se siente justificado tras eL acto o no se compromete.

Pero es justamente ahí donde lleva la pesada responsabilidad de sus actos, porque es él quien es el padre deL niño que fue engendrado por su ingerencia;

¡responsabilidad que no debe esquivar y que no dede negar!

Es en el acto de amor que implica la concepción, deseada o no, de un ser-humano donde la responsabilidad de un hombre – y dígámoslo claramente – de un padre se manifiesta.

Y el verdadero amante – eL verdadero padre – sabe asumir esta responsabilidad y extraer las concuencias.

Pero, ¿por qué hablar solamente de la responsabilidad deL padre y no de la responsabilidad compartida de amantes? Engendrar un niño, un ser humano, es decir, crear la vida, ¿es acaso un acto tan negligente que no debemos tener en cuenta sus responsabilidades, cuando no encontramos en un acto de amor, que, ante todo, debe ser un acto de confirmación afectiva del ser querido(a)? Para mí –y sobre todo en el cuadro de la ciencia de la afectividad que es la haptonomia– la responsabilidad del padre comienza con la concepción de un niño, de su niño, y ningún hombre tiene el derecho de sustraerse o de intentar escapar a esta responsabilidad.

R.B.: ¿Mediante qué proceso se convierte uno en padre?

F,V,: Ya he dado elementos de respuesta en Lo que precede. Racionalmente, biológicamente y moralmente se llega a ser padre mediante el acto de la fecundaciór con el que se inicia la concepción de un ser humano,

Por ello este acto debe ser cuidadosamente tomado en consideración, contemplando todas las implicaciones y responsabilidades. Y no debe ser cumplimentado más que tras una madura reflexión.

Tal respuesta exige –para evitar todo malentendido- una consideración matizada. Debe quedar claro que distingo explícita e implícitamente eL acto de amor de le concepción de un ser humano y los actos de amor que son inherentes a las interacciones eróticas. Interacciones, que juegan un papel esencial en la felicidad de amarse, expresándose mediante el deseo fundamental de vivir juntos la "delectación" (el placer vital intrínseco, que lleva aparejado un gozo óptimo) que acompaña al cumplimiento de un deseo vital. El placer, el gozo, son el apogeo de todo verdadero encuentro de amor. Es justamente la aspiración a la delectación –la activación y la actualización de los deseos de los dos amantes en buena armonía, unidad y unanimidad– que revela y hace vivir en reciprocidad el Bien que se representa y que se significa el uno para el otro,

En este contexto existe una gran diferencia entre eL Erós (Epoaç), el Eros (Epo;) y el Sexus, de La que hablo en mis cursos. Se demuestran aquí todas las diferencias entre el mundo de la Afectividad y el mundo de la Efectividad. En el mundo de Afectividad reinan el respeto, la transparencia, la claridad, La apertura, La seguridad y la confianza –eL Eró y el Eros-, mientras que en eL mundo de La Efectividad, reinan la racionalización, La eficacia, la productividad, lo útil y eL Sexus.

En este mundo –del Sexus– no hay Lugar para las acciones, para los sentimientos,.. para la afectividad. En este mundo de La Efectividad, dominan el interés personal, el egocentrismo, el egoísmo, la vanidad, el narcisismo, La afirmación de si, el engreimiento y la ostentación, o bien los sentimientos de inferioridad, de impotencia o de negación, sobre todo los contactos dichos "de Amor’

El acto de amor de la concepción de un ser humano debería –por su propia naturaleza– ser un acto en contexto deL Eros. Cuando dos amantes sinceros, padres "antes del acto procreador", en su reencuentro de amor, consideran conscientemente lo crean y el porvenir de "su" hijo –cuando sus deseos de alma, y el amor que les une, los llevan a concebir a sabiendas– la confirmación afectiva de su hijo toma ya su razón de ser en el mismo acto de creación.

Ellos residen ya con el "Bien" que representan cada uno en si, con su amor compartido, dirigido hacia su hijo -que en estas circunstancias– es recibido en el momento supremo de su concepción, en un regazo creado para acogerlo, y pretonificado de forma sensible. Desde su concepción, la libido vitalis se anuncia, el ser humano que él (re-)presenta, como una vitalis (= fuerza vitaL) en el deseo y el placer de vivir, como una pulsión de conservación de la vida. El deseo de vivir es, por una semejante acogida, en sí ya plena de placer, y reveía un elán vital en "el deseo de vivir".

Cuando esta buena voluntad de acogida en el seno maternal es de esta forma, completamente adaptada a su finalidad - gracias a un deseo de alma razonable de la madre, en el momento supremo, bien elegido - nidación de esta nueva vida se realiza en las condiciones bio-fisiológicas óptimas: una "cuna" en un regazo preparado, no solamente fisiológicamente, también afectivamente.

Iniciando eL deseo de vivir, recurriendo al deseo, al elán vitaL, iniciando el coraje de vivir mediante la afectividad que es inherente a su preparación, una taL acogida está dirigida por un deseo de alma sincero, lleno de amor: lo que es ya una primera confirmación afectiva.

En la pretonificación afectiva del regazo, la tranquilidad y La seguridad se anuncian ya mediante el ofrecimiento de un verdadero refugio, un hogar. ¡El deseo vital del alma maternal, instintivamente seguro, condicionado, favorece, estimula, el crecimiento y la maduración del individuo que le es confiado para su porvenir!

Otra forma de recepción distinta ocurre si el deseo afectuoso falta en los padres, cuando el regazo no esta preparado afectivamente. Aunque bio-fisiológicamente las condiciones de la fecundación estén presentes nada está realmente preparado para La acogida afectiva de una nueva vida y en el camino que conduce a la "cuna" en la que tiene lugar la nidación, falta la guia y el acompañamiento afectivo. Una semejante acogida "glacial", privada de amor –un primer abandono, un primera soledad– puede así ser engramada en las primeras células del ser en desarrollo.

No se puede negar que desde la fusión de los gametos, eL individuo en gestación está caracterizado por su constelación significativa, englobando la totalidad de sus factores genéticos, la historia de su

ascendencia, las propiedades ancladas en su genoma, la especificidad de sus talentos, dones, facultades, en resumen: su naturaleza, única, que le distingue de cualquier otro individuo.

La vida interior del alma humana, encarnada en la vida corporal, comienza ciertamente en el momento de la concepción, de la fusión de Los gametos, desde que la unidad de las primeras células vitales se ha formado. Si partimos de la unidad del cuerpo y del alma representada por la corporalidad animada (La entidad psicobiológica que incluye un espíritu encarnado), si consideramos, desde lo más íntimamente ontogénico, la constelación significativa que posee ya el gemen humano, no podemos dejar de concluir que el alma está ya presente desde el instante de su concepción. Independientemente de toda filosofía –sea religiosa o no– hay que ver el alma como el principio de-vida humana.

Es justamente la encarnación del alma, en tanto que principio-de-vida, la que hace que esta vida, recién concebida, represente a un ser humano. Irradiando 'animando" – el espíritu y la razón, provistos de sus facultades espirituales de pensamiento lógico, reflexivo y deductivo, de contemplación y de creación, el alma hace posible la humanización de la vida.

Aunque el espíritu se expanda por la influencia de procesos cognitivos y cogitativos que exigen un tiempo de crecimiento y de maduración, el alma, marcando al individuo con su particularidad, es un don presente en el alba de cada existencia humana; precede a todo desarrollo del espíritu y de la razón. De ello resulta, lógicamente, que la encarnación del alma no pueda ocurrir más que en el momento de la concepción, cuando la fusión de los gametos se ha consumado.

A partir del momento en que la fusión de los gametos ocurre, el ovocito fecundado reúne los genes del padre y de la madre en un nuevo individuo. Desde entonces, porta eL modelo "programado" de la unidad de cuerpo y deL alma de este individuo, con todas sus piedades y particularidades especificas.

Esta unidad de alma y cuerpo se encuentra presente como "matriz" de la personalidad que el individuo va a poseer.

El individuo obtiene de su "genoma" el modelo de su existencia; creciendo, aprendiendo y madurando puede ejercer su aptitud para expandirse según su pro- forma de ser, gracias al ofrecimiento conveniente de estímuLos afectivos, que confirman su ser. El individuo está ahí con todo lo que le es propio: sus dones, talentos, facuLtades; vive y –viviendo– se encuentra expuesto a las influencias y estímulos deL mundo exterior que le rodea. Ya, en el seno de su madre, comienza la necesidad de estar envuelto, acariciado y mimado –amado- base sobre la que se abre el alma tierna de esta vida en evolución hacia eL mundo humano.

Según sean las influencias puestas en juego y La bondad de las intenciones con las que el viaje de la vida se emprende, cuando La confirmación afectiva de la acogida en el regazo falta, el camino se muestra difícil desde el principio.

Elser humano no puede pedir o decidir su concepción ni su devenir. Es totalmente dependiente de los que lo crean, está completamente entregado a su buena voluntad o Lo más frecuentemente a su arbitrariedad.

¡Pero la buena voluntad no basta y lo arbitrario no debiera tan siquiera existir! la fuente de un deseo de alma, afectivamente dirigido hacia el niño, y proveniente los dos padres, es una exigencia justificada que el puede reivindicar de los que se encuentran en el origen de su existencia. Con antelación, los padres, "antes del acto reproductivo", deben ser confrontados a su responsabilidad personal. Es un criterio, un deber, que debe considerar concienzudamente y presuponer o fundamental, aún antes de la concepción.

En nuestra época, posterior a la de "Las Luces", con lo que sabemos en la actualidad sobre el devenir

humano y sobre el desarrollo de un adulto psíquico –maduro psíquicamente– no sería conveniente hacer surgir a un ser humano por azar o accidente. Podríamos preguntarnos con razón, si el hijo del azar o el niño accidente, o incluso el "niño fabricado" artificialmente, prestado o implantado en un vientre alquilado –este niño manipulado– pertenece aún al mundo de civilización humana, cuando sabemos, de forma cada vez más precisa, lo que experimenta el niño tras la concepción, y como resiente, y reacciona sensiblemente, desde muy pronto en el seno de la madre.

Aunque los dos padres juntos sean responsables del niño que crean, es sobre todo y primordialmente el padre quien debe ser consciente de su responsabilidad, porque es él -en primera instancia– el que debe garantizar la viabilidad de su hijo en el verdadero sentido de la palabra, creando las circunstancias en que la madre pueda consagrarse completa y exclusivamente a su deber que no es otro que el de guiar y acompañar al niño en un ambiente de seguridad, ternura, de calor, de solicitud y de consolidación existencial; en resumen, en un ambiente afectivo-confirmante de amor, que proporciona al niño vivencias que le aseguran en el sentirse, vivirse, como Bueno-en-si, en un bienestar que conforma el fundamento sólido para una vida autónoma y en total autenticidad-de-si.

R.B.: ¿Cómo puede La haptonomía ayudar a ser padre antes deL nacimiento y en eL nacimiento?

Fv.: Un hombre llega a ser padre desde el mismo momento en que puede asumir su responsabilidad frente al niño que ha creado con la eyaculación de su esperma en el seno de la mujer. Igualmente, una mujer que esté al corriente de su periodo de fecundación y de receptividad, se hace madre desde el momento en que ella abre su regazo para recibir y aspirar el esperma que va a fecundar a su óvulo maduro, que está a la espera.

Es entonces –en ese acto-de-amor-de-concepción cuando comienza la responsabilidad parental, puesto que la decisión consciente de crear un niño, implica que la mujer asume su responsabilidad de ser madre y que el padre asume su responsabilidad de acompañar y de socorrer a la vez que asistir a la (su) mujer de forma que ella pueda consagrarse -sobre todo en las primeras fases de la vida y durante la primera infancia– enteramente a su deber maternal. Si el padre no puede asumir esta devoción y no sabe crear las circunstancias que garanticen esta acogida incondicional, inevitable, que representa un derecho del niño inalienable, es mejor abstenerse de crear un niño.

Es una idea totalmente falsa, que se tenga un derecho incontestable a un niño: el derecho de tener niño, el derecho de ser madre o padre. No existe más que un derecho fundamental, incontestable e

innegable, es el derecho del niño a ser concebido a sabiendas, en un ambiente de amor afectivo-confirmante que le proporcione todas las posibilidades para expandirse con sus dones, talentos y facultades y para establecer un estado fundamental de seguridad, va parejo a un sentimiento de completitud, que le hace autónomo en total autenticidad.

Sólo los padres que pueden asumir su responsabilidad, respetar este derecho fundamental, y garantizar su disponibilidad en un ambiente afectivo-confirmante- durante las fases cruciales y esenciales de crecimiento y de maduración de su hijo, podrían decir:

Nuestro deseo vital de acompañar un niño – nuestro hijo– y de ayudarle a expandir su propia autenticidad, el hecho de estar enteramente disponibles y responsables para guiar y acompañar a nuestro hijo en camino (¡que no es el nuestro!), nos dan un cierto derecho de devenir y de ser madre y padre.

Habría que educar a los humanos de forma que puedan afrontar este deber, si ellos eligen conscientemente convertirse en madre y padre.

Precisamente eso: es ser padres, y es el padre el debe crear el ambiente, las condiciones y las posibilidades para la mujer de ser madre en todos los sentidos, significaciones y dimensiones de la palabra. Estando al lado de la madre, codo a codo, socorriéndola y dándole seguridad de forma incesante, como el hombre se revela padre en un equilibrio tal que no haya ni sumisión del uno al otro, ni autoridad dominante.

No es justo decir que es natural en la mujer "doblegarse al hombre" en la sumisión y en la servidumbre. Toda forma de dependencia, de vasallaje o de servidumbre es incompatible con un amor verdadero:

es justamente todo lo contrario al amor. Si se puede hablar de "someterse" el uno al otro, sería sobre todo el hombre quien se sometería a la mujer, mucho más todavía cuando se hace padre, respetando y honorando el hecho de que ella lleva en si el secreto de la vida y ofreciéndole todas las posibilidades de vivir su estado de madre. Es pues, deber del padre crear el ambiente en el que la madre pueda vivir su deber maternal y en el que el niño encuentre el "biotipo" óptimo para expandirse y crecer.

Estos son Los deberes fundamentales que no pueden ni deben delegar en otra persona, sobre todo en las fases de crecimiento cruciales de la primera infancia: los primeros años de la primera infancia: los primeros años de La vida (comprendido el periodo pre-nataL) en los que los cimientos de toda una vida se fundan.

En la relación padre-madre no existe jerarquía, ni poder. Los dos, tanto La madre como el padre, en el contexto de su responsabilidad individuaL y de su responsabilidad compartida, son bajo todas las consideraciones autónomos y equivaLentes en tanto que personas y personalidades, cada uno cumpliendo las tareas y deberes inherentes a su papeL de madre y de padre. En este contexto, la madre no debe nunca sentirse condenada a estar atada aL hogar, a causa de su ser madre en detrimento de sus competencias, ambiciones y deseos que le permiten esenciaLizarse. Un padre que respete el papel de la madre como una autoridad en sí, y que no conozca la naturaleza típicamente femenina de ser madre, que no vea más que a una mujer, justamente por esta naturaleza, que tiene el derecho de ser mimada, no será nunca un buen padre.

Por Lo mismo: el tirano doméstico, eL déspota, no es nunca padre en eL verdadero sentido del término. El buen – el verdadero – padre; pater familias; es el guía y eL acompañante que abre a sus hijos camino de vida, ayudándoles y – si es necesario- protegiéndolos, haciéndoLes autónomos, apeLando a sus dones, sus talentos, sus aptitudes y sus posibilidades – sus responsabiLidades – mediante un reto que les invita a expandirse. Es no soLamente el creador de esta vida que nace en el seno de la madre, sino también – y esto es lo más importante – al mismo tiempo el creador de este ambiente de amor – este biotipo vitaL – en eL que tanto la madre como el niño pueden complacerse, "crecer" y desarroLLarse.

Ese es exactamente eL origen de la palabra pater: ser al mismo tiempo el creador y el protector de vida que hemos ayudado a surgir y germinar, lo que implica el deber de crear Las circunstancias que garanticen la optimización del desarrolLo de esta vida en todas sus dimensiones.

La madre -La "mater"– es La "matriz" en la que esta vida se forma, es la causa y eL origen; es la fuente, y, al mismo tiempo, la generadora, que comparte en un estado quasi- o pseudo-simbiótico, la eclosión de esta vida hasta eL momento de su entrada en eL mundo. Y si este regazo es verdaderamente un "nido de amor" en el que eL niño encuentra su primera seguridad y su tranquiLidad, en un ambiente de afectividad confirmante, eLla revela, intuitivamente su verdadera naturaLeza de ser-madre.

Juntos, eL padre y La madre son los padres. Los que "poriunt"= ponen en el mundo, engendran, se ponen en La base de una nueva generación. El nacimiento -eL "partus"– punto de partida, es la conclusión de su acto de amor que ha LLevado a la concepción, a la creación de este niño. Este fin arduamente esperado es, sin embargo, el punto de partida de su deber parental: guiar y acompañar a su hijo hacia una vida autónoma.

Por eLLo eL padre debería, en la medida de lo posibLe, estar presente y asistir afectivamente aL nacimiento dentro de un papel activo, acompañando a madre e hijo en La hora de su entrada en el mundo – que es su hora – entrada que el niño escoge por sí mismo, bien guiado y asistido por eL amor de sus padres. EL Lugar del padre, en este momento, estaría al lado de su mujer a La que ayudaría y sostendría con toda su presencia y su ternura. De esta forma el nacimiento se convierte en un verdadero acto de amor que culmina el acto de amor de la concepción.

(La presencia del padre en el nacimiento supone esta asistencia afectiva. Un padre que no sepa vivir esta asistencia puede ser un aguafiestas, cuya presencia puede perturbar en vez de ayudar. La presencia del padre no puede pues -por este motivo– ser exigida u obligada, al contrario, si es el casa, es mejor renunciar a su presencia).

Es a esto –entre otras cosas– a lo que tiendealcanzar la haptonomia a través de su acompañamiento pre- y perinatal afectivo-confirmante de Las parejas; acompañamiento, que, de preferencia, debería comenzar antes de la concepción, tanto para el padre como para la madre. Es justamente la iniciación al acercamiento haptonómico con su fenomenalidad de contacto afectivo de Los dos "padres antes del acto" la que despierta sus facultades afectivas de tal forma que estén a su entera disposición, bien adaptadas al fin, cuando la situación lo exija.

R.B.: ¿Cómo puede uno sentirse padre mediante el tacto? ¿Cómo puede un padre ser "contactante"?

F.V.: La haptonomía, con su fenomenalidad evidente, crea las situaciones ideales tanto antes de la concepción – mediante una iniciación y una sensibilización al contacto psicatóctil afectivo-confirmante haptonómico con sus cualidades de ternura y de seguridad – como durante el embarazo, en el acompañamiento afectivo-confirmante psicotóctfl haptonómico de los padres y de su hijo; les indica un camino para instaurar una relación afectiva con su hijo. Después, durante el nacimiento, preparando a madre y padre! para sus tareas activas de guía y acompañamiento afectivos durante las horas en las que el niño franquea su camino hacia el mundo. En el curso de estas horas, es preciso que los padres, conjuntamente, cada uno habiéndose bien preparado su papel, en buena’ coordinación y cooperación, encuentren el ambiente adecuado y bien adaptado al fin, para hacer nacer a su hijo como un acto de amor. En tales circunstancias, es preciso que toda asistencia médico-técnica se sitúe en segundo plano de tal forma que no pueda turbar, a causa de intervenciones indiscretas o inútiles, el ambiente afectivo de amor.

Para que todo resulte normal, seria, por lo tanto, preferible que el padre estuviera presente para asistir a su mujer y vivir el nacimiento de su hijo, juntos, en un ambiente de amor y de felicidad, desde el inicio de los primeras contracciones. Su presencia dará a la madre la seguridad de que no está sola, abandonada, le permitirá sentirse y saberse sostenida por el amor del padre, del que ella tiene, durante estas horas supremas, la mayor de las necesidades.

Una obstetricia moderna, digna de ser llamada humana y bien adaptada a tas últimas concepciones y conocimientos en el terreno de la vida afectiva humana, tendrá en cuenta estas necesidades y sabrá respetar las condiciones aquí descritas.

La haptonomía enfoca la preparación de los padres para sus tareas y les enseña a desarrollar sus facultades innatas.

Si bien, bajo la influencia de la orientación y acompañamiento afectivo-confirmantes haptonómicos, todo el embarazo y el nacimiento cambian fundamentalmente de carácter, de forma que se evita toda racionalización y "tecnificación" irracional o inútil que podrían trabar el ambiente afectivo-confirmante, no se trata de un "método" o una "técnica" de "ejercicios" o de "gimnasia", de "preparación al parto", de "educación prenatal", etc. y menos aún de una técnica del tocar. Es justamente la ausencia de toda "técnica" y de "método" concreto, lo que hace que el acompañamiento psicotáctit, afectivo-confirmante haptonómico de los padres y de su hijo sea en si y por su naturaleza incompatible con los métodos de preparación prenatales al parto, sean cuales sean.

La afectividad, y toda vivencia que le es inherente, se expresan mediante el soplo y – como la fenomenalidad haptonómica lo demuestra de forma convincente – toda técnica respiratoria la bloquea fundamentalmente.

¡Es bajo todo tipo de consideraciones injusto e incluso peligroso introducir técnicas respiratorias en el acompañamiento haptonómico y – como hemos demostrado frecuentemente, con evidencias - recurrir a actos respiratorios durante el parto!

Es justamente en la sincronización inconsciente del soplo, inherente al contacto psicotáctil, donde la interacción afectiva entre la madre y el padre se ejecutan de forma totalmente espontánea y natural. Toda intervención técnica corta y bloquea la reciprocidad del contacto afectivo; ¡ésta no deja solo y al mismo tiempo, de una cierta forma, al padre fuera del acontecimiento; implica con frecuencia el abandono afectivo del niño!

Lo que precede permite comprender que puede sentirse padre y madre mediante el desarrollo adecuado de sus facultades (psico) táctiles en las que la ternura juega un papel dominante. Es preciso que el padre aprenda a distinguir el "tacto" de Los contactos psicotóctiles afectivo-confirmantes hoptonómicos y comprenda que la caricia implica y provoca algo diferente que la ternura.

El padre que ha sabido desarrollar sus facultades haptonómicas de contactos-táctiles (= ¡que nada tienen que ver con el tocar!) se vuelve, por la naturaleza de este contacto afectivo-confirmante "tocante en el sentido emotivo", es decir entrando en contacto con la vida interior, intima – el alma – tanto de su mujer como de su(s) hijo(s); lo que implica que se instaura un estar-juntos, que tiene la cualidad de un consensus: un consensus afectivo, que une sin prender, sin quitar la autonomía al otro y que constituye un verdadero sentimiento de solidaridad: un "saberse, sentirse juntos", un "estar en una unión muy poderosa en total independencia’

¿Acaso no se llama a esto: Amor?

Pero lo que digo aquí concerniente al padre, refiere, naturalmente, de la misma manera a la madre. Ella debe aprender a desarrollar sus facultades haptonómicas y a conocer las diferencias entre el "tocar’ con todas sus implicaciones, y el contacto (psico)táctil afectivo-confirmante.

La haptonomía se orienta a ayudar al desarrollo estas facultades, que no establecen diferencias entre hombres y mujeres. Es esta una cuestión a la que creo haber respondido ya ampliamente.

R.B.: Activamente en el parto y en el nacimiento de su hijo ¿permite al padre estar en su lugar ocupar su lugar más fácilmente?

F.V.: La conclusión de lo que precede debe se clara: si el padre acompaña a su mujer desde la concepción con una afectividad confirmante sincera participa activamente tanto en el embarazo como el nacimiento de su hijo, su lugar está ya incontestablemente marcado y ocupado. Está ya en su sitio desde el primer instante; lugar del cual no debe nunca dejarse desalojar.

Un gran número de testimonios nos enseñan que el acompañamiento afectivo-confirmante psicotáctil haptonómico de los padres y de sus hijos profundiza y consolida esencialmente la relación afectiva y "unión de amor" de los padres.

Por otra parte, hay que añadir que un acompañamiento haptopsicoterápico o haptoanalítico, puede favorecer, si existen problemas en este terreno, expansión de la pareja, y de la vida afectiva personal

R.B.: Cuando usted propone al padre, tras el nacimiento, colocar al niño sobre el vientre de su madre y presentárselo, ¿piensa que la situación es adecuada? ¿No cree que sería la madre quién debiera presentar el niño a su padre como lo subrayó Lacan?

FN.: Se trata de un acto sensato, cuyo interés ha sido numerosas veces probado, colocar al niño sobre el regazo de su madre de inmediato tras el nacimiento – regazo del que acaba de salir – para que se sienta tranquilizado y asegurado en este contacto piel a piel; que escuche el latido del corazón intimo y tan familiar de la madre, y esto, hasta que respire de forma autónoma y que el cordón deje de Latir. Creo que esto representa un acto que cada vez más se convierte en una actitud aceptada.

En lo que concierne a la segunda parte de su pregunta: Las ideas de LACAN no son las mías, y no comparto en absoluto su opinión sobre el hecho de que sea la madre quien presente el niño a su padre. Al contrario: el acto que incumbe específicamente al padre es el del dètachement. Mediante este acto, hace autónomo a su hijo de tal forma que, éste mantiene su propia cabeza, mirando al mundo en que se encuentra, bien sostenido en su base. El niño se siente en seguridad, y de esta forma se instaura el sentimiento de seguridad de base del que precisa fuertemente para la expansión de su autenticidad.

Siendo el nacimiento en si, ya, un primer détachement de la madre, un détachement esencial que se realiza en primera instancia por el corte del cordón umbilical efectuado por el padre. Es un real "desligamiento", cuando el niño aún está sobre el regazo de su madre para descansar tras su entrada activa en el mundo y en el momento en el que respira libremente, el cordón que ha dejado de latir, rompiendo la última unión vital que une al niño, a través de la placenta, a su madre, poniendo fin definitivamente a un estado quasi-simbiótico con la madre.

Se continúa con la apertura al mundo: el padre, tras este "desligamiento" del niño, refuerza el détachement sosteniendo bien su base, elevando al niño, con un movimiento suave y volviéndolo hacia el mundo. Momento emotivo en el que se ve al niño, asombrado, abrirse al mundo, como una flor que se despliega.

Mediante este acto que da seguridad el padre presenta y muestra con orgullo el niño a la madre de forma que ella lo vea por completo en un estado de autonomía primordial.

Tras este acto, que no dura más que algunos minutos, pero que es de una cualidad fundamental y esencial ( para sentirse verdaderamente liberado del estado quasi-simbiótico en el regazo, vuelve a entregar el niño así desligado – liberado y asegurado – a la madre volviéndolo a colocar sobre su regazo de forma que pueda desarrollar de inmediato el comportamiento de libido vitalis: trepando, bien sostenido por la mano de su madre, a la busca del pezón para asirlo y nutrirse, y finalmente reposarse contra el seno de la madre, cercano a su corazón.

Si este acto de détochement falta, y la madre toma, tras el nacimiento, al niño sobre su regazo donde permanece todo el tiempo de la sección del cordón y bastante después, se puede observar, a menudo, que el tazo madre-hijo permanece demasiado fuerte, lo que impide la instauración de la autonomía del niño y puede implicar una unión más o menos patológica, que pude dificultar una expansión independiente y libre de su hijo.

R.B.: ¿Le parece diferente el amor paternal del amor maternal? ¿Cree usted que existe un "instinto paternal"?

FV.: En lugar de hablar de "instinto" – noción ambivalente sería preferible hablar de una intuición, (noción más creativa y humana). Existe, a mi entender, una intuición ontogénica paternal. Pero en nuestra cultura estas facultades innatas de nuestra naturaleza humana, quedan cada vez más en barbecho, a causa de la hiper racionalización de nuestra civilización, lo que conlleva su subdesarrollo, o, su atrofia. Según mis observaciones, se puede distinguir ciertamente por su naturaleza específica el amor paterna( del amor materno!. Por ello el amor de un padre no puede reemplazar completamente el amor maternal y, a la inversa, el amor de una madre no puede substituir en todas sus dimensiones al amor paternal.

Justamente por estas razones, el niño precisa para su expansión, su crecimiento, su evolución y su maduración – para su individuación y su identificación – de una madre y de un padre. La falta de uno de los dos tiene repercusiones para su propio devenir, ¡repercusiones que no hay que subestimar! No hay que confundir – en este contexto – "instinto" e "intuición", con la noción de amar. EI amor paternal no se diferencia humanamente del amor maternal, pero no se puede negar que desde, el punto de vista del niño, pueden existir grandes diferencias entre las vivencias del uno o del otro, que condicionan los lazos totalmente distintos con la madre y con el padre. Tales factores pueden influenciar su propia forma de ser padre o madre. Existen en este terreno tantas influencias psíquicas que no se puede generalizar o dar interpretaciones univocas. Pero pienso este asunto sobrepasa los limites de esta entrevista, este tema exigiría una reflexión más profunda.

R.B.¿Que piensa usted de la ecografía que indica el sexo del niño antes del nacimiento? ¿Ayudaría esto más al padre a estructurarse y acceder a su paternidad o bien es un falso problema?

F,V.: Nuestra época conoce descubrimientos y desarrollos médico-técnicos maravillosos y de gran importancia para la salud pública.

Ocurre Lo mismo con la ecografia. Si estos descubrimientos permanecen en buenas manos, es decir en manos de personas que ético-deontológicamente, conocen sus responsabilidades y que las utilizan en circunstancias justificadas, son verdaderamente un beneficio para La humanidad.

Pero, desgraciadamente, éste no es el caso.

La ecografia está, muy particularmente, sometida abusos irresponsables. Existen ahora en los Paises bajos, (pero esto llegará ciertamente pronto a nosotros), locales de ecografia, denominados: de ecografía-de-placer ("pret-echos"), en los que un(a) "eco grafisto" que no es necesariamente obstetra, matrona o médico) posibilitan jugar una o varias veces por semana con el bebé en el seno de su madre a través de la ecografía.

Aparte del hecho de que no se tienen en cuenta las influencias, todavía no bien conocidas, de esta intervención técnica mecánica con sus radiaciones uItrasónicas (influencia frecuentemente subestimada!), se trata aqui de una acción privada de toda afectividad, tipicamente un producto mercantil deL iundo de la Efectividad, que ignora totalmente el mundo de la Afectividad.

Los sentimientos, las emociones – la afectividad – carecen de valor político o comercial; se les puede pues ignorar en el mundo de la Efectividad.

Lo inquietante es que, en este mundo, madres y adres, acompañados por los abuelos, los hijos e incluso amigos, se presten a tales juegos indignos y sin escrúpulos y, que "profesionales" en un dominio tan específicamente médico no se incomodan para aprovecharse lucrativamente de este descubrimiento puramente concebido para fines diagnósticos.

En este contexto, la determinación del sexo del niño en el seno de su madre se ha convertido en un hábito; a veces esta comunicación es imprudentemente hecha a los padres, sin que se pregunten si está justificado darles a conocer precozmente el sexo de su hijo. Tengo, debidamente, muchas dudas sobre el hecho de que sea verdaderamente razonable y justificado informar a los padres sobre el sexo de su hijo tan precozmente durante el embarazo. He encontrado muchos padres, a veces madres o padres, que por separado me han informado de sus preocupaciones y de sus problemas aparecidos después de haber sido informados del sexo de su hijo antes del nacimiento, a veces demasiado pronto, en las primeras semanas del embarazo. Frecuentemente, en el caso en que el sexo no correspondía a su deseo, tenían mucha dificultad para seguir viviendo el placer de esperar un niño.

Una tal decepción del deseo se muestra de forma totalmente diferente, si es en el nacimiento cuando se descubre que el niño no pertenece al sexo deseado.

El hecho de que su hijo en el nacimiento esté ahí, vivo ante sus ojos, bien presente, conlleva corrientemente la aceptación sin reservas y la inhibición de sus deseos iniciales. La realidad de la existencia vital consigue generalmente vencer cualquier resistencia.

La realidad del niño que se ve en la ecografia de forma más o menos imaginaria, irreal, aunque se mueva en el vientre de su madre, no es comparable con el real de un niño que se ve en carne y hueso ante nosotros y al que se puede sostener tiernamente en las manos.

También conozco madres que han tenido grandes problemas de ottachernent con "esta cosa que patalea en su vientre". No creo que sea totalmente bueno mostrar mediante tal medio al niño en el seno de la madre o dar, sin reservas, películas ecográficas a los padres (lo que puede llegar a ser un uso común).

Hay tantas reacciones psíquicas, emocionales o existenciales desconocidas e inconscientes y de las que no conocemos del todo el alcance y las influencias, que creo injusto informar del sexo de su hijo si ellos no lo solicitan explícitamente sin que podamos comprender o discernir las implicaciones o las repercusiones que un tal conocimiento les aporta.

Para mí es una cuestión de ética y de deontología, máxime cuando no conocemos nada de las influencias de estas intervenciones mecánicas sobre el niño, lo que se olvida las más de las veces durante la aplicación de estas técnicas.

¿Pero esta demanda es admisible por un mundo en el que domina la Efectividad, la utilidad, el comercio y el mercantilismo; mundo en el que no hay lugar para las vivencias afectivas, las emociones, o para el amor, para la Afectividad, porque son "cosas" sin interés o sin valor comercial o político?

¿Qué puedo hacer, en este mundo de Efectividad en el que se hace comercio de la determinación del sexo antes de la inseminación artificial, como ya es el caso en algunos países?

¿Puede éste acoger mi alegato por un mundo de Afectividad, en el que reina la philia, el amor fundamental humano, del que nos encontramos cada vez más alejados por el odio, la violencia, el terror y la despiadada frialdad y dureza de corazón que caracterizan y dominan nuestro mundo de vida?

No, por regla general, no creo justo ni justificado conocer el sexo del niño antes del nacimiento. Esta información no debería ser permitida más que en circunstancias y condiciones bien precisas, si existe una demanda vital o inevitable. Pero aquí una vez más, seria necesario hacer valer las normas etico-deontológicas fundamentales. ¡El conocimiento precoz del sexo no ayudará, a mi entender, en absoluto al padre a "estructurarse" (lo que es una racionalización ejemplar) y a aceptar su paternidad!

Al contrario, existen demasiados signos que revelan que es justamente lo contrarío lo que se deriva y que esto le impide entrar en una relación afectiva con su hijo.

Pero temo –lo constato con tristeza– que, por el momento, el progreso técnico y el poder del mundo de la Efectividad no lo tengan en cuenta en este terreno y que este proceso no se deje contrariar fácilmente.

No obstante, creo mi deber permanecer en la avanzadilla, quedándome en la brecha para defender los valores de la afectividad en oposición a este mundo inhumano de la efectividad.

R.B.: Para usted, ¿el padre es el que dona su esperma, el que ama y educa a su hijo (simplemente el papá), el que es una referencia a un modelo, o el que representa la Autoridad?

EV.: Me parece evidente que el donador de esperma – el padre biológico – asuma la responsabilidad de su paternidad. Pero en este terreno existe también una devaluación, una desintegración del concepto de padre, en la significación afectiva de "papá".

Si el "papá" es el que asume su responsabilidad en el cuadro del amor afectivo-confirmante – el que ama y educa a su hijo por su amor – es tanto una referencia a un modelo arcaico como una referencia a un estatuto de confianza: el guía digno de fe en el que el niño puede identificarse. Por este hecho él adquiere su "autoridad". Pero no olvidemos que esta autoridad no tiene nada que ver con el poder y que es por definición una autoridad compartida con la madre: una autoridad de los padres!

En nuestra época con los desarrollos médico-técnicos alrededor de la "procreación" y de la "reproducción" – que constituyen cada vez más una "industria" – eL padre, y cada vez más la madre, son "anónimos"; la noción (= la imagen) "padre" y "madre", pierden sus valores y su sentido.

RS.: El hecho de dar su apellido (según la ley) ¿es importante en el acceso a la paternidad?

FV.: Un niño tiene el derecho incontestable – con o sin Ley – de conocer a sus "genitores", es decir, sus verdaderos padres.

Dándole el apellido del padre (o de La madre) biológica se le reconoce en su origen y su ascendencia y – para la ley – se le legitima, lo que implica que se establecen derechos legales.

Los dos factores son de gran importancia, para el porvenir del niño. Pero es también un reconocimiento de la paternidad, y de la maternidad. No obstante, no creo que el hecho de dar su apellido (según la ley) a su hijo represente un papel fisico de importancia en el acceso a la paternidad, aunque no ignore la importancia del hecho que el niño lleve el apellido de su genitor o de su genitora. (En varios países la elección de dar el apellido del padre o de la madre es libre).

RS.: ¿Piensa usted que el deseo de ser padre esté influenciado por su propia relación con su padre?

F.V.: Supongo que el deseo de ser padre puede estar influenciado por su propia relación con su padre, sea por el ejemplo que éste le ha dado o bien por las vivencias a las que se ha estado expuesto en su propio devenir y su propia individuación, mediante los lazos que se han desarrollado entre padre e hijo. Esto tanto en un sentido positivo como negativo. La identificación con el padre juega ciertamente un papel. Poniendo a parte el ejemplo y las vivencias en la relación padre-hijo, con los aspectos de identificación, existen tantos factores genéticos y sociales, también culturales, que no creo realista otorgar una influencia demasiado determinante a la relación padre-hijo, salvo en los casos en los que las experiencias vividas han sido negativas. Por otra parte, en nuestra civilización occidental, que difiere enormemente de otras civilizaciones en las que la influencia jerárquica del padre y el ejemplo que le es inherente es mucho más explícita, para muchos niños, sobre todo tos que viven en las grandes ciudades, la autoridad del padre es un ejemplo en el que el hijo podría identificarse, pero esta autoridad está altamente degradada.

Pero con tales constataciones toco problemas complejos y mucho más profundos que serían interesantes de abordar y de analizar, pero de nuevo, nos alejan del tema de esta entrevista.

R.B.: ¿Piensa usted que La madre es siempre más importante para el niño que eL padre?

F.V.: Con esta pregunta aborda un asunto de gran importancia que sobrepasa ampliamente nuestro

tema.

No se puede simplemente hablar de "la madre" en el contexto de la relación madre-hijo (su propio hijo). La imagen "madre" engloba más que eso. Es al mismo tiempo fuente de seguridad, de calor, de ternura, de bienestar, de placer, resumidamente, de amor profundo, de fuente de vida, de felicidad y un abrigo de reposo, de quietud, de dulzura, de paz. Todo esto de forma real y simbólica y de tal manera que el padre nunca puede igualarla. Esta imagen "madre" está fundamentalmente

y esencialmente ligada a la mujer. Por ello, de una cierta forma, cada mujer representa la imagen madre, incluso cuando no haya portado nunca un niño o lo haya parido. Es esta naturaleza femenina innata, la que hace que una mujer, cuando toma un ser humano en su regazo, contra su seno, puede realizar y dar este estado de seguridad, de reposo y de paz, a cada uno según sus necesidades, para sentirse en la certeza, la seguridad de un bienestar profundo que le confirma afectivamente en el bien que él representa.

He visto morir, a mi alrededor, durante esa guerra perversa, gentes de toda edad. Para muchos de entre ellos, yo conocía la naturaleza de su relación íntima con su madre y su padre. Incluso cuando su relación afectiva con sus padres, particularmente la madre, estaba turbada o perturbada, en el momento de su muerte, en mis brazos, no había más que una última palabra: mamá, y muy raramente papá.

He visto a enfermeras, acompañando moribundos, que reemplazaban en el verdadero sentido de la palabra a la madre: hicieron de madres por su naturaleza, por sus intuiciones. Nunca un hombre, un padre puede reemplazar de esta forma a una madre.

El padre representa, en tales circunstancias –y aunque él también pueda despertar vivencias de seguridad, de calor afectivo, de bienestar, que pueda dar su ternura, su amor– una fuente diferente de acogida, específicamente masculina, que es verdaderamente de una cualidad diferente, con sus caracteres propios.

A pesar de estas constataciones – de las que podríamos hablar más profundamente, porque son muy fundamentales – no creo que se pueda decir que la madre es siempre más importante para el niño que el padre. No comparto tal suposición. Pero una madre es una madre, y su fuerza es que dispone de un regazo: este refugio de seguridad al que muchos desean regresar, que se añora inconscientemente cuando se está en peligro, triste, en inseguridad, y sea cual sea la edad.

Ya este don – que es más que un hecho – implica que una mujer debe ser respetada y honorada de una forma explícita y sin equívocos.

R.B.: La procreación asistida, el aumento de los concubinatos y la multiplicación de los divorcios hacen que la paternidad pueda ser asegurada por diversos hombres: ¿qué piensa usted?

FV.: El hecho de que se pueda constatar un aumento de concubinatos, una multiplicación de divorcios, lo que es un signo de nuestro tiempo y que muestra que el carácter de las instituciones de cohabitación legales – como el matrimonio – están en proceso de evolución fundamentalmente, no cambia esencialmente la paternidad en lo que concierne a la responsabilidad del padre-genitor. Pero implica que la estabilidad, la consistencia, la solidez y la fiabilidad de la institución "padre", así como la imagen padre, están fuertemente minadas, corroídas, es decir, desvalorizadas.

Sin embargo, esto no dispensa a un padre biológico de su responsabilidad moral y legal, y esto no implica que pueda ser reemplazado por un padre de substitución.

Aunque el papel de un padre de substitución pueda ser importante en algunas circunstancias y situaciones y, en tanto que tal, por su cualidad afectiva, consolidante y confirmante, pueda ser un "Bien fundamental" para el niño, esto no implica que la paternidad pueda ser asegurada por varios hombres. El padre de reemplazo – incluso si parece ser un "padre" ideal para el hijo – sigue siendo un padre de substitución que no puede nunca rellenar el lugar de un padre biológico.

En Los casos de divorcio, cuando la madre tiene un amigo con el que cohabita, o si ella se vuelve a casar con otro hombre y la custodia del niño es atribuida a la madre, el problema de los dos "padres" es manifiestamente conocido. Por lo mismo, si en el sentido inverso, la guardia del niño es atribuida al padre, éste se ve confrontado a dos madres. Sé bien que un padre de substitución puede ser un beneficio para un niño, sobretodo en los casos en los que el padre biológico ha muerto, o en los que un padre ha sido negligente con sus deberes paternales, abandonado al niño, etc. Pero ni el padre, ni la madre biológica pueden ser nunca reemplazados, e incluso en el caso en el que el padre de substitución fuera para el niño el "mejor" padre, el padre ideal, permanece siempre, con una influencia más o menos fuerte, una inclinación hacia el origen, hacia las raíces.

Todas las personas que están en contacto con niños adoptados, conocen el problema de la búsqueda de su origen, que se manifiesta tarde o temprano, cuando el niño es informado de su adopción. Hecho que asemeja a una forma de "añoranza" – la nostalgia del origen – intuitiva o instintiva frente a sus raíces. Los lazos de sangre aparecen, a veces, con una tal cualidad – incluso en situaciones que parecen incomprensibles – que se pueden manifestar como más fuertes que la razón.

La procreación asistida, que – en nuestra época – parece degenerar hacia una industria mercantil, una "fábrica de niños", servidos por encargo, almacenados en estado embrionario, con "padres" y "madres" anónimos, plantea, bajo este enfoque, un problema en sí. Problema, que - a la luz de la fenomenalidad haptonómica de la afectividad humana – sobrepasa los criterios y las normas éticas y deontológicas, pero que concierne directamente a los derechos del hombre.

Se nos anuncia ya la posibilidad de concebir un niño a partir de ovocitos extraídos de los ovarios de un feto abortado de sexo femenino, fertilizados mediante inseminación artificial, reimplantados en úteros de mujeres estériles, lo que implica la ¡producción de niños cuya madre biológica nunca nació!

Existe ya la posibilidad de crear clones humanos, y en tanto que tales seres humanos de serie, todos con una misma constitución. ¿Cuál será su individualidad, su autenticidad, y cómo vivirán estos seres su alma? ¿Hasta dónde podremos llegar? ¿Cuáles serán los dilemas ético-morales y legales y cuáles serán las repercusiones para el niño así creado cuando comprenda esta verdad tremenda?

¿Qué pensar de un hombre, de un pater familias, y en esta calidad padre de, por ejemplo, cuatro hijos legítimos, que dona cada quince días, tras varios años ya, su simiente a un banco de esperma, en el anonimato total? Puede haber engendrado decenas de niños cuya existencia no llegará a conocer, pero de los que es el padre-biológico. Su esperma es distribuido en una zona geográfica limitada. Dejando aparte todos los problemas inherentes a la responsabilidad hacia una sola vida creada de esta forma, ¿cuántas anomalías y enfermedades genéticas, qué desconcierto psíquico en el niño cuando sea informado de su origen desconocido? ¡Sin contar con el riesgo muy real de una unión consanguínea con parejas procedentes de la misma fuente paternal!

Está de moda, en nuestro tiempo, hablar de incesto – signo de cultura decadente y trazo distintivo de una civilización determinada por el Sexus – pero justamente, en el verdadero sentido de esta noción, sería hipócrita ignorar el riesgo que se manifiesta anónimamente.

Todavía no he mencionado la arrogancia que consiste el suponer que su esperma es de una cualidad tal que se pueda ser el donante anónimo (= eL "padre" anónimo) de decenas de niños que llevarán en su genoma, para siempre, y sin saberlo, una ascendencia de la que nunca conocerán los trazos genéticos, sean positivos o negativos.

¿Cuáles son los riesgos directos o indirectos para la humanidad?

¿Qué pensar de un estudiante que vende anónimamente y semanalmente su esperma y, además, dice cínicamente: "de esta forma obtengo un doble provecho cuando me masturbo: el placer y unas ganancias fáciles. Al mismo tiempo, soy un benefactor para esas pobres mujeres que no han encontrado a un hombre de verdad, con esperma fecundo!"? ¿En qué lugar queda la paternidad?

¿Qué pensar de una mezcolanza de espermatozoides y de óvulos anónimos, fecundados "in vitro", cuyos embriones son implantados en el útero de una "madre portadora", para, tras el nacimiento, dejar el niño a padres adoptivos? ¿Qué pensar de Las "madres" solteras, que niegan al padre (anónimo, donante de esperma), o de mujeres, a veces "abuelas", de más de cincuenta e incluso sesenta años, fecundadas artificialmente por el esperma de un donante, a veces anónimo, para satisfacer su "derecho a un niño", para aliviar su soledad?

¿Exagero? ¡No, en absoluto! La realidad en ciertos "países civilizados" es aún mucho más grave. Se desarrolla toda una "mafia" mundial en este terreno, en el que se subestima totalmente el peligro para la humanidad.

A nuestro alrededor, se encuentran humanos de buena reputación, conocidos y estimados, que - partiendo del principio de un "derecho al niño" – no se molestan, pagando ellos mismos, para obtener un niño, sin importarles la forma.

Podemos cerrar los ojos a lo que pasa, pero no podemos ignorar durante más tiempo que nos arriesgamos a sobrepasar los límites, límites que nunca deberían ser rebasados, y esto depende de la responsabilidad de cada uno.

¿A quién compete – por ejemplo – la responsabilidad de los millares de embriones, fabricados "in vitro", que moran quasi-vivientes en los congeladores, los que en su mayoría son superfluos o están amenazados por manipulaciones en el cuadro de investigaciones "científicas" o tienen la finalidad de servir como "piezas de repuesto" para ser injertadas o transplantadas y luego ser matados "tras la entrega"?

¿Acaso no son - en su estado de embriones - seres humanos animados, es decir, provistos de un alma, con toda su ascendencia, su constelación significativa, sus dones, sus talentos, sus facultades, su fuerza y libido vitales, en resumen, con su vida propia, y, por consecuencia, con su derecho a la vida?

Vemos aquí una vida de hielo – suspendida, en expectativa – lejos de toda afectividad, fuera de la seguridad del regazo, fuera de una nidación en un nido de amor, que surge artificialmente para los "padres" y "madres" fuera de todo acto, de todo reencuentro de amor. Puesto que han sido concebidos, existen, son seres humanos. Y, si son salvados, si son finalmente despertados a la vida, implantados artificialmente en un regazo biológico, lejos de todo acto de amor, de afectividad, ¿cuál es su porvenir? ¿Cuáles son los traumatismos, las frustraciones a las que ellos han sido sometidos en este camino de hielo hacia la vida? No conocemos todavía las repercusiones que una semejante entrada en la vida humana – el mundo "hamano" – puede provocar, pero progresivamente se descubre que no se pueden ignorar las influencias imprevistas, y que existen riesgos que no hay que subestimar. Las primeras señales, las primeras nubes se vislumbran en el horizonte y anuncian que hay que tener en cuenta los riesgos que comportan.

Si considero de una forma critica los avances en este terreno, tiendo a no generalizar. Sé bien que hay padres concienzudos, de buena fe y de buena voluntad – se trate de padres adoptivos o de padres de un niño fecundado artificialmente de una u otra forma – que son padres serios y muy responsables.

Pero esto no disipa mis objeciones, mis dudas y mis reservas. Mucho más que nunca debemos estar vigilantes para cuidar los valores inviolables humanos. No se trata aquí de controlar y de garantizar la supervivencia del género humano, sino ante todo – finalmente – de llegar a una humanidad verdadera, en la que la afectividad sea preeminente, que se revelaría mediante la "Philia"; ¡pero aún estamos Lejos!

Una entrevista como ésta corre el riesgo – ya que está limitada por preguntas concretas – de provocar malentendidos; puede ser mal percibida. Muchas de las cosas dichas precisarían de mayor profundidad o de más detalles.

Y aún hay más cosas que no se han dicho, y que deberían ser dichas, pero es inevitable que esta entrevista quede un poco superficial. Espero, sin embargo, que el lector/la lectora podrá entenderme, con el corazón abierto, los oídos a la escucha, con candor, liberado(a) de prejuicios, y podrá comprender esto que llega desde el fondo de mi alma, como segundo plano de lo que se me ha dado a descubrir en esta Ciencia de la Afectividad que es la Haptonomía. Ciencia humana que no experimenta más que respeto por lo vida – una vida en salud psíquica - y que conduce a una ética humana fundamental.

Y este respeto por la vida comienza con un respeto incondicional de los derechos del niño, que son tanto derechos a una vida autónoma, en total autenticidad, como un derecho al amor: La confirmación afectiva de lo Bueno y del Bien que el niño representa, incluido en su genoma.

Para esto, se precisan padres y madres que sepan asumir sus responsabilidades, y que sepan que no existe un derecho al niño, sino solamente un derecho del niño a la vida, una vida autónoma y en un ambiente de amor, de afectividad confirmante. En este contexto: guiar y acompañar – "tener" – un niño, es ante todo un deber, al que uno se compromete consciente y concienzudamente, sabiendo que es una gracia ser bienaventurado con los niños.

Esto es lo que la haptonomía tiende a favorecer y a desarrollar, y que prueba con su fenomenalidad evidente.

 

 

 

Esta información fue tomada del sitio web de la Fundación de la Haptonomía

www.haptonomia.es

 

 

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