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Simulacrum
Mi ingreso en la profesión estuvo rodeado de desafíos y de conflictos inevitables.
... Mi peor manía era pedir que se tuviera cuidado con todo lo que se dijera delante de las mujeres embarazadas en trabajo de parto, ya que su fragilidad –causada por un estado alterado de la conciencia– las vuelve fácilmente susceptibles. La entrada de un centro obstétrico, aparte de ser un lugar de extrema violencia institucional, es también un lugar donde hay mucha "patología de la palabra" la que, al tratarse del nacimiento, puede ser entendida como la morbilidad causada por el uso inadecuado de expresiones y gestos que pueden hacer entrar al paciente en un ciclo vicioso de miedo-tensión-dolor. Maximilian, mi colega, bautizó ese proceso como "verbosis".
... ¿Por qué, a pesar de que disponemos de pruebas contundentes, los médicos continuamos actuando de forma mitológica y repetitiva, reproduciendo terapéuticas comprobadamente inútiles y peligrosas para nuestras pacientes?
¿Qué nos movía? ¿Por qué tanta distancia entre nuestro saber y nuestro actuar? ¿Por qué nuestras conductas estaban tan alejadas de lo científicamente comprobado como útil y seguro? Estas preguntas, relativas a las prácticas comprobadamente ineficaces o inadecuadas, eran frecuentemente respondidas por mis colegas con afirmaciones del tipo: "Es el efecto inercial; actuamos así porque cambiar es siempre complicado y difícil. Fuimos entrenados en un determinado tipo de proceder y nos mantenemos en él por hábito".
Esa conducta repetitiva y automática también era llamada "hábito vicioso" y podía ser definida como la "dificultad para cambiar un procedimiento previamente conocido que nos ofrece la seguridad de un resultado previsible".
... Comencé, entonces, a buscar en otras áreas del conocimiento las respuestas que la Medicina no me presentaba, principalmente en la Historia, en el Psicoanálisis y en la Antropología. Pasado algún tiempo, cayó en mis manos uno de los artículos más impresionantes sobre la Obstetricia contemporánea que yo hubiera visto: "Obstetrical Training as a Rite of Passage", de Robbie Davis-Floyd. Mi comprensión sobre la Obstetricia dio un giro fabuloso que cambió toda mi vida.
Coincidentemente, pocos meses después de la lectura de este artículo llegó a mi ciudad la película "Matrix". Seducido por la expectativa de ese film de aventuras y ficción científica, terminé siendo sorprendido por una instigante e impactante metáfora para la comprensión del mundo contemporáneo.
... La posibilidad de analogías infinitas y creativas con el mundo que nos rodea me pareció fascinante desde el principio. Entendí que el mundo, como sucede en "Matrix", está sostenido por una arquitectura invisible, creada por nosotros mismos, para fijarnos al core system de la sociedad y consolidar los valores fundamentales sobre los cuales se asienta nuestra vida social. Somos, solamente, seres guiados por fuerzas incorpóreas y poderosas sin que nos demos cuenta de eso. Actuamos socialmente como marionetas, sostenidas por finos cables invisibles al ojo desarmado.
... De inmediato, inserté la Obstetricia contemporánea en ese escenario y, sobre esa idea, tracé los inevitables paralelos con el trabajo de Robbie Davis-Floyd.
... "¿Qué quiere la Matrix?", pregunta el periodista Read Mercer Schuchardt. "Quiere mantenernos a nosotros, los humanos, esclavizados a nuestras ilusiones; la principal de las cuales es la de que la tecnología no nos esclaviza, y sí, en cambio, nos libera".
... Percibí la existencia de una superestructura que gobierna la atención de las mujeres gestantes y que pretende conformarlas con el mundo tal como fue construido, para que obedezcan al sistema sin cuestionarlo. La gestación, con su natural fragilidad, es el momento ideal tanto para determinar la posición específica de la mujer en la sociedad como para enseñarle (adoctrinarla) sobre la forma en la que su hijo debe ser inserto en ella. A pesar de la presencia de absurdos sin respuesta, de equívocos inaceptables y de creencias insostenibles, la fe en el sistema y en sus conductores debe persistir.
... En lo que atañe a la Obstetricia y al nacimiento humano, hoy en día, el sistema mitológico, etiocéntrico, iatrocéntrico y hospitalocéntrico de la Medicina occidental nos pide que estemos de acuerdo con el hecho de que las mujeres son incompetentes para gobernar y para parir a sus hijos, aun cuando ellas demuestren, diariamente, su capacidad y su talento. La epidemia de cesáreas, las terapias de reposición hormonal, la ideología de la ablación y la proliferación de clínicas de fertilización artificial son demostraciones claras de una visión específica de la sociedad sobre lo femenino y sobre la mujer. Esas manifestaciones y fenómenos sociales cobran sentido, contemporáneamente, porque nos llevan directamente al armado del sistema de valores de nuestra sociedad, que se yergue en nombre del patriarcado y del capitalismo a través de un modelo cartesiano de percepción de la realidad. En el sistema patriarcal, no hay lugar para mujeres poderosas y libres. Ellas deben estar de acuerdo –como los habitantes de la Matrix– con el lugar en el que están. Deben creer que el sistema de valores que las considera subciudadanas es lo mejor para ellas. Ese modelo es el cimiento básico que nos une. Tenemos miedo de perder el control sobre todo lo que construimos como humanidad. Una sociedad basada en la igualdad nos amedrenta.
... En un mundo que proclama la inferioridad básica de las mujeres, es necesario que ellas mismas sean convencidas de esta realidad tanto como es necesario que los pobres se convenzan de que su pobreza es obra del destino o de su etnia para que no confronten con el sistema distribuidor de riquezas.
Toda la construcción de la Obstetricia contemporánea se asienta sobre la creencia básica del "defecto esencial" de las mujeres. Basada en ese modelo, la Medicina obstétrica podría fabricar las herramientas y las tecnologías adecuadas para construir esta "máquina", ahora entendida como equivocada y defectuosa (Robbie Davis-Floyd). El parto, instancia cúlmine de la feminidad, es el momento ideal para que esas creencias sean reforzadas y diseminadas. Durante un parto podemos encontrar todos los valores sociales profundos, encerrados de forma sutil pero poderosa.
La natural apertura sensorial determinada por este evento nos brinda la posibilidad de instruir a las mujeres y a sus hijos en las posiciones específicas que deseamos que ocupen en la estructura social. Por esa razón, el estudio de la simbología representada en el nacimiento nos lleva al centro de los valores más profundos que estructuran nuestra civilización.
... Mirar ese escenario desde afuera de la Matrix es angustiante. Una tortura. Neo negó, inicialmente, la verdad que le fue revelada por Morpheus. Después, vomitó. Una vez despertado del sueño tecnocrático, no quería dar crédito a lo que veía. No soportó la confrontación de la imagen que él tenía de la humanidad con la dura realidad que su liberador le presentó. Tuvo náuseas, fruto de la impotencia ante un sistema mucho mayor que él mismo. Se sintió frágil y desesperanzado.
Las personas que confrontan con esta nueva forma de encarar la realidad en la Medicina –como sucede en otras áreas del conocimiento– acaban sufriendo el mismo proceso por el que Neo (de "nuevo", pero también un anagrama de "one"; o de "un"; o del mismo "éon", energía emanada de un ser supremo) atravesó cuando fue rescatado de la fantasía de la Matrix.
Debemos, también, descubrir que es necesario pasar por un ritual de despojamiento de nuestras falsas certezas y de nuestro arrogante orgullo para, así renovados, ser verdaderamente leales a nuestra propia existencia. Recuerden que nuestro héroe se queda desnudo al ser desconectado.
... "Toda victoria se yergue sobre los escombros de una derrota", como siempre me decía Max. Toda relación personal se instaura sobre un fracaso egoico. Toda esperanza se crea cuando reconocemos nuestras debilidades. Neo percibió su vocación libertaria al confrontarse con su infinita pequeñez e insignificancia, pero para eso fue necesario despertar del "campo de cultivo", de las "plantaciones" donde la humanidad era usada como "energía barata" por las máquinas de la Matrix.
... La Matrix está ahí afuera, creando en las mujeres la idea de que, si ellas se someten a los dictámenes que "siempre existieron" y que "incontestablemente son verdaderos" –en otras palabras, la "realidad expresa", el derrotero que se aplica sobre las marcas de lo real–, estarán seguras para todo y para siempre. La Matrix quiere hacer creer que sin las máquinas (sin la tecnología, sin lo masculino, sin la institución) ninguna mujer puede hacerse responsable de sus aptitudes biológicas. La Matrix no admite que el poder sea repartido o que la fraternidad sea un modelo factible de relación entre las personas. La Matrix nos dice que la estructura básica de este mundo no puede ser cambiada, so pena de que ese mismo mundo se desmorone.
... Al despertar en el mundo real, Neo supo por Morpheus que el dolor que sentía en los ojos se debía al hecho de que nunca los había usado anteriormente. Al negar a nuestros ojos la oportunidad de vislumbrar la dura realidad de un sistema de creencias centrado en el poder de los que dominan la tecnología –sucedánea contemporánea de la religión– también quedamos ciegos a las otras verdades que surgen de la propia experiencia femenina con el nacimiento. Morpheus dice que las personas más viejas (tal vez, la palabra "viejas" no esté aquí necesariamente ligada con la edad) rara vez eran liberadas de la Matrix, porque el resultado con ellas era, invariablemente, malo. Algunas creencias quedan tan impregnadas que no desaparecen jamás.
... En "Matrix", Neo escondía sus programas piratas en un libro que guardaba en uno de sus estantes. En este libro, Simulacra and Simulation de Jean Baudrillard, se presentan las tesis fundamentales del posmodernismo. La idea básica es que el mundo real no existe más; lo que permanece entre nosotros es, apenas, su simulacro. Después de la creación del lenguaje, el "mundo real" dejó de ser posible (Lacan); éste sobrevive en una versión construida por nosotros. El parto real no existe más; sólo existe la variante que creamos de él, construida por la Medicina occidental contemporánea.
... El Dr. Marsden Wagner –de la Organización Mundial de la Salud y activista de la humanización del nacimiento cuya trayectoria influyó en mí tanto como Morpheus lo hizo con Neo– cuenta que, cuando les hablaba a los médicos durante grandes conferencias, solía pedirles que levantaran la mano los que hubieran, alguna vez, acompañado un parto domiciliario. La reacción era invariablemente la misma: en una platea de 400 médicos, ninguna mano se levantaba. Aquí aparece la fase posmoderna más dolorosa de la Medicina: perdemos totalmente el contacto con la realidad del nacimiento. Perdemos su olor, su clima, su temperatura y su gusto. Nosotros, los médicos, sólo conocemos su representación, su simulacro, su imagen reflejada en la pared de la tecnocracia.
Tenemos, también, el pensamiento del periodista Dino Felluga: "Hicimos una ruta tan parecida a la verdad que se yuxtapone a ella. Hoy en día, la realidad es lo que sale por entre las líneas rasgadas del mapa".
Mentimos el parto y falseamos la Naturaleza.
... Mi fantasía más agradable es imaginar a "The Farm", la comunidad posthippie donde trabaja y vive la partera Ina May Gaskin, en Tennessee, como una Zion de verdad, un lugar en el que el nacimiento puede ser despojado de las múltiples capas que lo aprisionan en el mundo tecnológico. En este "laboratorio" de afecto y de sexualidad aplicada al nacimiento, ya ocurrieron más de 2000 nacimientos desde los años 70. La tasa de intervenciones es bajísima, con un índice de cesáreas del 1,4%. Los resultados maternos y neonatales son superiores a los que se producen en los mejores centros tecnológicos del mundo. ¿Por qué, entonces, la Obstetricia contemporánea desvía su mirada de este tipo de realidades?
... Por más que continuemos en una realidad artificial creada por la cultura –como dice Morpheus: "Un mundo que fue colocado frente a nuestros ojos para cegarnos a la verdad"–, el mundo real continúa existiendo como una "garra" en su mente que lo hace enloquecer, demostrando, a través de la inquietud, la indignación sorda y la inconformidad la posibilidad de cuestionar las ideologías dominantes. La sexualidad viva que emana de una mujer pariendo, o la idea de una "Xanadu" posmoderna donde el parto podría ser vivido como un proceso de "empoderamiento" femenino y un estado de gracia, funcionan como las más dolorosas "garras" con las que convivo.
La realidad del día a día nos muestra que los médicos son también víctimas de este paradigma creado por todos nosotros. En este modelo, basado en el miedo ancestral a la confrontación con lo desconocido, somos llevados a construir sistemas de creencias y rituales que nos ofrecen la ilusoria idea de control sobre la Naturaleza. Sobre estas creencias, pasamos un fino barniz de intelecto para que ellas queden justificadas ante nuestra visión racionalista (Olivier Clerk).
... Los médicos que confrontan con el nacimiento humano sienten miedo, porque este evento escapa a su control, tal como la erupción de un volcán desobedece nuestras voluntades.
... Los que se atreven a salir de la Matrix tecnocrática son vistos como herejes (en griego hairetikós significa ‘aquel que escoge’). Tener la posibilidad libertaria de escoger nos torna herejes.
Escoger. Decidir su destino. Hacer caminos con sus propias piernas. Nada
más revolucionario y... herético.
... El parto, que debería ser un proceso de profundo "empoderamiento" femenino, acaba siendo, la mayoría de las veces, un proceso de fortalecimiento de los médicos, de las instituciones y de los valores tradicionales, y mantiene a la mujer y a lo femenino en una posición inferior y subalterna.
... La mujer, relegada a una posición de pasividad y alienación, acaba sufriendo más tarde (muchas veces de forma oscura e inconsciente) el resultado de estas interferencias a través de múltiples formas: depresiones posparto, morbilidad aumentada por los excesivos rituales (dolencias, muertes, limitaciones), maniobras difusas, dificultades en la sexualidad, etcétera.
... En una visión pesimista, mezclando a George Orwell con Baudrillard, en el futuro de Matrix, las mujeres ya no parirán a sus hijos; serán producidos en las cañerías inmensas de la Matrix. Así se configuraría el apogeo de las tecnologías de separación, cortando definitivamente la ligazón visceral de las mamás con sus hijos. Será la "Cuarta Orden del Simulacro" de Baudrillard, donde la simulación se desprende absolutamente de la realidad, sin guardar con ella ninguna relación residual.
... Después de muchos años de practicar la Obstetricia, me di cuenta de que el comportamiento estereotipado y previsible no estaba basado en el convencimiento de lo que había aprendido, ni siquiera era obra de mi pobre profesor de Obstetricia. él también estaba adormecido, nutrido por la sangre que venía del corazón de la Matrix, y sólo repetía para mí lo que le habían enseñado. Estaba a merced del sistema, y sus músculos estaban demasiado atrofiados como para que pudiese moverse. Yo actuaba de aquella forma, separando, invadiendo, cortando, cosiendo, porque así me decía que actuara la Matrix. Eso me llevaba a aceptar que las mujeres no podrían jamás parir (o alcanzar la madurez social) sin que un hombre (o alguien que represente al patriarcado) las autorizase a hacerlo a través de "marcas" en el cuerpo y en el alma, estableciendo un paralelo con el simbolismo de la clitorectomía en otra cultura igualmente patriarcal y violenta.
... En "Matrix", todos estamos representados en muchos de los personajes, basta decidir en qué parte del film.
... Podemos ser el alienado, que en nada desconfía de las fuerzas poderosas que nos hacen aceptar a la tecnología como una diosa omnipotente que "al fin nos va a redimir" de nuestra impureza e imperfección.
... Podemos ser como las personas que van a trabajar y sienten que hay alguna cosa extraña en el aire, pero no saben qué es porque no paran a pensar en el hecho de que existen hospitales con un 80% de cesáreas, o que el 5% más rico de la población del país detenta el 50% de su riqueza.
... Podemos ser también como Neo, que vomita, llora y sufre al ver que el mundo (interno y externo) no es exactamente como él creía o fantaseaba. Somos mucho más imperfectos e incompletos de lo que nuestra infinita condescendencia nos permite aceptar.
... Por otro lado, podemos ser el Neo que percibió que es en este mundo hecho y único que de verdad tenemos –y que es una realidad dolorosa– en el que pueden procesarse las modificaciones. Ese Neo que enfrenta a los enemigos –internos y externos– y que percibió que la lucha contra la opresión y la injusticia es el único destino de aquellos que tuvieron la oportunidad de mirar más allá. Más temprano que tarde, la vida dentro de la Matrix se vuelve insoportable, pues el expandirse está en el destino de la naturaleza humana.
La libertad es nuestra meta última.
... Un mundo en el que prevalezcan la dignidad, el respeto y la ciudadanía, y en elue las mujeres sean vistas con igualdad –principalmente en el momento mágico y sublime de tener a sus hijos– es nuestro mayor objetivo y, para eso, cualquier sufrimiento vale la pena.
Aun la injusticia.
RICARDO HEBERT JONES
(Este artículo fue extraído del capítulo "Simulacrum", de El hombre de vidrio)
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