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La voz del padre

Para muchos varones, todavía es un enigma descifrar qué es ser padre. Podríamos decir que el genitor es el padre biológico que genera a través de sus genes. Muy distinto es hablar de la función de ser padre. Hoy en día, un genitor o padre biológico no necesita estar presente ni siquiera en el momento de la fecundación. Un padre que cumple su función de padre se manifiesta desde su presencia irradiando su luz.

Bernard This nos dice en su libro El Padre: acto de nacimiento: «El padre da a luz de múltiples maneras, dado que la luz se revela como la manifestación de su presencia. El padre aparece y la madre (mala) se convierte en buena. Estamos en presencia de una imagen del padre ideal. Cuando el sol sale, todo se ilumina. ¿Será el padre la encarnación viviente del astro solar que, triunfando sobre la oscuridad, viene a dar calor a la tierra?». Esta cita da origen a diferentes cuestionamientos: ¿Cómo se manifiesta la presencia de la figura paterna? ¿Qué significa la presencia del padre, más allá de que el varón sea o no el progenitor? ¿Es posible introyectar la presencia masculina durante el embarazo?

Presencia de la figura paterna

Feijóo, en el libro Un niño melómano, nos habla de la audición sensible que un feto percibe tempranamente. Feijóo estudia el modo en que el niño, desde el útero, percibe los sonidos y lo ejemplifica con la siguiente anécdota: «A niños con seis meses de gestación se les hace escuchar determinadas melodías varias veces por semana y hasta el momento del parto. Las experiencias sobre esas escuchas son muy reveladoras. Los niños, luego de nacer, identifican las melodías en un estado de gran atención, se calman, dejan de llorar, se relajan, se armonizan».

De hecho, el oído de un feto se desarrolla ampliamente a los cuatro meses y medio de gestación; es el primero de los sentidos en desarrollarse. A partir de esto, se han hecho varias experiencias, algunas a cargo de Alfred Tomatis, otro médico que ha creado e investigado varios sistemas ligados a la escucha fetal.

En el libro de B. This, leemos sobre la siguiente experiencia realizada con un feto de ocho meses de gestación: «Se grabó la voz del padre pidiéndole que no pronunciara más de tres palabras: entendant, bien portant, souriant (oyendo, sano, sonriente).

Pronunciadas con voz grave y haciendo sonar sus finales, estas palabras fueron emitidas, a partir del octavo mes, durante períodos de uno, tres y seis minutos después de los ejercicios de relajación de la madre a lo largo de ocho sesiones (dos sesiones por semana). Al nacer, los primeros gritos del niño resonaron con fuerza. El padre se dirigió espontáneamente a su mujer y a su hijo, pero su voz no aplacó estos gritos. Cuando se le pidió que pronunciara las tres palabras del mensaje, el niño cesó de gritar al instante y, sosegado, abrió los ojos».

¿No permiten estas experiencias concluir en que la voz del padre, grave, tranquilizadora, particularmente rica en armonías y sonoridades profundas, es útil en el momento del nacimiento para calmar los gritos de angustia del pequeño? No vacilo en afirmarlo si el padre y la madre viven en buen entendimiento e inteligencia.

Esta anécdota me hizo reflexionar sobre la función del padre como una presencia que arroja luz a través de su voz y que se hace presente desde el instante mismo de la concepción.

He visto reiteradamente la escena de hablarle al vientre de una mujer embarazada con la intención explícita de incentivar la escucha del feto. Sin embargo, es un error hablarle al vientre por esa vía. La escucha del feto, curiosamente, se transmite a partir de hablarle al oído de la madre. El sonido baja a través de toda la estructura ósea, desde el oído medio pasando por el martillo y por toda una cantidad de huesitos intermedios. Por resonancia vibratoria, las ondas se transmiten a través de la columna vertebral y por ella llegan al vientre.

También se ha comprobado que llegan a ser escuchadas con más facilidad las frecuencias graves; es decir, los sonidos masculinos llegan más que los femeninos. Eso es mucho más simple de entender y se puede comprobar al meter la cabeza debajo del agua en una bañera llena. Así, nos daremos cuenta de que los sonidos retumban. Debajo del agua, el sonido viaja cuatro veces más rápido que en el aire. El agua filtra los sonidos agudos y permite la escucha de los sonidos graves con mayor facilidad.

Se desprende, de lo ya dicho, que es rotunda y altamente recomendable la presencia del padre a través de su voz. Pero ¿desde qué actitud?, ¿con qué gesto sonoro? Entiendo por gesto sonoro aquella expresividad que vibra en cada voz humana. Vibración que se aleja de lo conceptual, del significado de las palabras. Vibración que percibe y expresa las emociones de un cuerpo en forma directa y que, en un feto, se perciben intensamente desde el sentido de la audición.

El gesto sonoro permitirá que esos sonidos nutran amorosamente tanto al niño como a su madre. Si ésa es la intención, la ternura se hará presente ya sea al cantar, al tararear o, simplemente, al hablar.

Suelo sugerirles a los varones que serán padres que elijan una melodía que sea significativa para ellos, emocionalmente hablando, y que la entonen de manera sistemática varias veces por semana. Que la canten suave y amorosamente en el oído de la mujer después de una profunda relajación, cuando madre y feto estén abiertos a una escucha muy atenta. Esta presencia es consciente y muy significativa, y es, también, una llave que posibilita abrir la comunicación entre el padre y su hijo antes, durante y después del parto.

Es una presencia que irradia luminosidad, musicalidad, ternura, armonía y una plena «amorosidad» masculina.

Alberto Wang
(Terapeuta, Investigador del sonido de la voz)

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